domingo, 7 de febrero de 2010

* María Cristina de Borbón-Dos Sicilias.

                               Reina consorte de España.

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María Cristina de Borbón-Dos Sicilias nació en Palermo, 27 de abril de 1806 – Sainte-Adresse, Francia, 22 de agosto de 1878), madre de Isabel II de España, sobrina y cuarta mujer del rey de España Fernando VII, con quien se casó el 11 de diciembre de 1829. Fue hija de Francisco I, rey de las Dos Sicilias y de la infanta María Isabel de Borbón, hija del rey Carlos IV.

Fernando VII padecía una macrostomia genital, fruto de la costumbre matrimonial borbónica de casarse primos con primos para preservar la sangre real. Era comentario común en la corte madrileña el tamaño anormalmente grande del miembro viril del rey. Así, el escritor Prosper Merimée lo describe “tan gordo como el puño en su extremidad”. conocedora de la trayectoria de su marido, reclamó la construcción de un artefacto para mitigar la macrostomia genital del Rey. La solución llegó a través de una almohadilla perforada en el centro de pocos centímetros de espesor por donde Fernando introducía su miembro durante el coito.

Actuó como Regente durante la minoría de edad de su hija Isabel al morir su marido, el rey. Don Fernando VII falleció en 1833 (48 años) cuando su hija Isabel tenía poco menos de tres años.

Fernando_VII-retrato--644x362                                      Fernando VII.

María Cristina gobernó como regente hasta 1840, año en que se vio obligada a entregar la regencia al general Espartero. Durante su reinado hizo necesarias contribuciones sociales como el auxilio que necesitó la costa onubense en 1834 como consecuencia de un brote de cólera. Ese año, como agradecimiento, toma el nombre de la reina una localidad onubense, La Real Isla de la Higuerita, y pasa a llamarse Isla Cristina.

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Fernando VII y María Cristina paseando por los jardines del palacio de Aranjuez, en 1830. Óleo de Luis Cruz y Ríos, 498 x 710 cm. Museo de Bellas Artes de Asturias.

A la muerte de Fernando, la titularidad de la Corona se la disputó a su hija Isabel, el Infante Carlos, hermano del difunto rey, que atribuía su derecho a la Ley Sálica que, no obstante, había sido derogada expresamente por Carlos IV y ratificada la derogación por el propio Fernando VII. Este hecho dio lugar al inicio de la Primera Guerra Carlista en la que el Infante Carlos, al principio desde el exilio y después desde Navarra y el País Vasco, desarrolló una feroz campaña militar, siendo derrotado.

Tres meses después de enviudar, el 28 de diciembre de 1833 se casó secretamente con el sargento de su escolta personal Agustín Fernando Muñoz y Sánchez . Tuvieron ocho hijos.

"¡Las alhajas de la Corona han sido robadas, y robadas de la manera más escandalosa!”. Laureano Figuerola, ministro de Hacienda, desató la más feroz tempestad parlamentaria que se recuerda en todo el convulso Romanticismo español. Aquel 1 de diciembre de 1869, las Cortes Constituyentes estaban a rebosar. El general Prim, presidente del Consejo de Ministros bajo la regencia del duque de la Torre, ocupaba el escaño más destacado. Repartidos por el hemiciclo, se congregaban cicerones ilustres sumidos en un claustral silencio: Ruiz Zorrilla, Alcalá Zamora, Balaguer, Pi y Margall, Moret, Castelar, Cánovas, Sagasta, Ríos Rosas, Echegaray...
Figuerola, desde el púlpito, añadió con toda vehemencia:
“Por lo menos han desaparecido de España 78 millones en valores que representaban las alhajas de la Corona. Han desaparecido de España por dos personas cuyos nombres están en vuestra boca, por doña María Cristina de Borbón y por doña Isabel de Borbón”.
El ministro de Hacienda, que aquel mismo año había introducido la peseta como unidad monetaria y gozaba de gran predicamento entre los economistas y políticos de su época, puso así en la picota el honor de María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII, y el de su hija Isabel II.
María Cristina, según Figuerola, había sustraído de Palacio alhajas que no le pertenecían. El ministro recordó entonces que el intendente general de la Real Casa y Patrimonio, Martín de los Heros, encontró ya “setecientos estuches vacíos” en 1840, cuando María Cristina, la reina que había gobernado España durante los últimos siete años, emprendió por vez primera el camino del exilio, tras la proclamación de la regencia del general Espartero. El funcionario acusó a la reina destronada de haberse llevado consigo a París 78 millones de reales en joyas.
Y no sólo eso; denunció que habían desaparecido también valiosos muebles renacentistas que estaban en los sótanos de Palacio."

Tras varios intentos fallidos de conciliar las tendencias políticas de liberales y moderados, hubo de entregar la regencia a Espartero y exiliarse, saliendo de España el 17 de octubre de 1840 en el vapor Mercurio. Desde Marsella lanzó una proclama a los españoles manifestando que su renuncia había sido forzada. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la bendición del Papa Gregorio XVI a su matrimonio morganático, para instalarse tres meses después en París financiada por Francisco I Conde de Luzárraga, una vez preparada, se rodeó de sus más fieles e intrigó contra el gobierno espartista, hasta que este fue derrocado y su hija Isabel II nombrada reina aún en minoría de edad.

En 1844 regresó a España y se instaló en Madrid, en un palacete desde donde trataba de controlar la política que desempeñaba su hija Isabel. Junto a su esposo inició negocios en España con el comercio de la sal y del ferrocarril, en los que participa también Narváez, de tal suerte que se llegaba a afirmar que no había proyecto industrial en el que la Reina madre no tuviera intereses. Esta situación derivó en una mayor impopularidad, avivada por el marido de Isabel II, hasta que fue nuevamente expulsada y retirada la pensión vitalicia que previamente le habían concedido las Cortes.

Permaneció en Francia el resto de su vida y sólo volvió a España cuando su nieto, Alfonso XII, ocupó el trono, si bien con la limitación de no poder instalar su residencia definitiva en el país. Tanto Isabel II como Alfonso XII mantuvieron malas relaciones con María Cristina por causa de su boda secreta. Murió en el exilio, siendo enterrada posteriormente en el Monasterio de El Escorial.

De su primer matrimonio, con el rey Fernando VII, tuvo dos hijas:

Rosa rojaIsabel II (1830–1904), reina de España.
Rosa rojaLuisa Fernanda (1832–1897), infanta de España, casada con el duque de Montpensier.

De su segundo matrimonio, con Agustín Fernando Muñoz y Sánchez, I Duque de Riánsares y I Marqués de San Agustín, tuvo ocho hijos, a los que la reina Isabel II concedió títulos nobiliarios entre 1847 y 1849:

Rosa rojaMaría Amparo Muñoz y de Borbón, Condesa de Vista Alegre (1834 - 1864)
Rosa rojaMaría de los Milagros Muñoz y de Borbón, Marquesa de Castillejo (1835 - 1903)
Rosa rojaAgustín Muñoz y de Borbón, Duque de Tarancón y Vizconde de Rostrollano (1837 - 1855)
Rosa rojaFernando Muñoz y de Borbón, Vizconde de la Alborada y Conde de Casa Muñoz; II Duque de Riánsares, II Duque de Tarancón y Rosa rojaVizconde de Rostrollano (1838 - 1910)
Rosa rojaMaría Cristina Muñoz y de Borbón, Marquesa de la Isabela y Vizcondesa de la Dehesilla (1840 - 1921)
Rosa rojaJuan Muñoz y de Borbón, Conde del Recuerdo y Vizconde de Villarrubio (1844 - 1863)
Rosa rojaAntonio de Padua Muñoz y de Borbón (1842 - 1847)
Rosa rojaJosé Muñoz y de Borbón, Conde de Gracia y Vizconde de la Arboleda (1846 - 1863)

Dos pastores que trabajaban en un cortijo de la sierra de Segura escribieron una carta a la reina regente el 26 de abril de 1834, en la que le decían que "…lloraron la muerte de su amado rey, derramaron sus zaques y apalearon los perros en justo sentimiento de la orfandad en que quedaban.

 
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