domingo, 29 de agosto de 2010

MARIA I "LA LOCA" REINA DE PORTUGAL

                                 Casa de Braganza
María I de Portugal
María Francisca Isabel Josefa Antonia Gertrudis Rita Juana, Infanta de Portugal, Princesa de Brasil, Princesa de Beira y Duquesa de Braganza, nació el 17 de diciembre de 1734 en Lisboa y falleció en Río de Janeiro, Brasil, el 20 de marzo de 1816.
Primogénita de las cuatro hijas nacidas de José I y de Mariana Victoria de España, reyes de Portugal, fue de inmediato reconocida como heredera del trono Luso ante la falta de heredero varón que asegurase la continuidad dinástica.
Sus otras hermanas fueron:
Rosa rojaMaria-Ana Francisca, Infanta de Portugal (1736-1813).
Rosa rojaMaria-Francisca Dorotea, Infanta de Portugal (1739-1771).
Rosa rojaMaria-Benedicta Francisca, Infanta de Portugal (1746-1829); Princesa de Beira y de Brasil, casada con su sobrino carnal Don José, Infante de Portugal, Príncipe de Beira y de Brasil, heredero del trono (1761-1788).
Sucesora de su padre, la Princesa de Brasil y de Beira contrajo matrimonio con su tío carnal el Infante Don Pedro de Portugal el 6 de julio de 1760, en el Palacio de Nuestra Señora de Ajuda, en Lisboa, con la finalidad de que se asegurase la dinastía de Braganza en el trono y evitar así que la corona fuera a parar a manos de otra dinastía extranjera. Sin embargo, semejante alianza no deja de tener tintes aberrantes a la par que endogámicos que, desgraciadamente, se repetirían en los años venideros en el seno de la Familia Real Lusa. Su flamante consorte y tío, Don Pedro, se veía así prometido al trono en una especie de co-reinado en el momento en que su mujer viniera a ceñir la corona. Por otro lado, dicha unión aportaba al propio hermano del rey don José I, los títulos de 19º Duque de Braganza, 16º Duque de Guimaraes, 14º Duque de Barcelos, 18º Marqués de Vila Viçosa, 20º Conde de Barcelos, 16º Conde de Guimaraes, de Ourem, de Faria y de Neiva, 22º Conde de Arraiolos.
Los Príncipes de Beira y de Brasil tuvieron cuatro hijos y tres hijas:
Rosa rojaDon José, Infante de Portugal, Duque de Braganza y Príncipe de Brasil y de Beira (1761-1788); contrajo matrimonio con su tía carnal la Infanta Maria-Benedicta de Portugal. -sin descendencia-
Rosa rojaDon Juan, Infante de Portugal; nacido muerto en Lisboa el 20 de octubre de 1762.
Rosa rojaDon Juan-Francisco-de-Paula Domingo, Infante de Portugal; nacido el 16 de septiembre de 1763 y muerto el 10 de octubre del mismo año.
Rosa rojaDon Juan María José Francisco Javier de Paula, Infante de Portugal, Señor del Infantado (1767-1826) y luego Príncipe de Beira y de Brasil a partir de 1788 (futuro rey Juan VI de Portugal); casado con Doña Carlota Joaquina de Borbón, Infanta de España, hija del rey Carlos IV de España.
Rosa rojaMariana Victoria Josefa Francisca, Infanta de Portugal (1768-1788); casada con Don Gabriel Antonio de Borbón, Infante de España (1752-1788), cuarto hijo del rey Carlos III de España.
Rosa rojaMaria-Clementina Francisca, Infanta de Portugal (1774-1776).
Rosa rojaMaria-Isabel, Infanta de Portugal (1776-1777).
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María I "La Piadosa", Reina de Portugal y de los Algarves de 1777 a 1816.
Su fervor religioso era tal que se mereció los sobrenombres de María "La Piadosa" o María "La Pía". Profundamente marcada por el brutal arresto y no menos bestial trato dispensado a los marqueses de Távora y a los duques de Aveiro y demás parientes por el entonces primer ministro de su padre, el Marqués de Pombal, tras el fallido regicidio de 1758, y la expulsión de los padres Jesuitas de todos los dominios de la Corona Lusa, la Princesa de Beira y de Brasil alimentó un rencor y un odio tenaz contra la figura del valido reformador.
Decían los testigos de su entorno que, cuando se mencionaba el nombre de Pombal en su presencia, se volvía repentinamente loca de rabia y presa de un ataque de ira rayano en la demencia. Sus rasgos se convulsionaban, babeaba y ponía los ojos en blanco, mientras parecía poseerle un demoníaco frenesí por todo el cuerpo.
Sebastiao Jose de Carvalho e Melo, Conde de Oeiras
Sebastiao Jose de Carvalho e Melo, Conde de Oeiras y 1er Marqués de Pombal (1699-1782), Primer Ministro de Portugal entre 1755 y 1777, retratado por Louis-Michel Van Loo en 1766.

Tal fue su odio por el marqués de Pombal que, apenas fallecido su padre el rey José I el 24 de marzo de 1777, convirtiéndose así en la nueva soberana de Portugal, de los Algarves y de Brasil, que dispuso inmediatamente que el primer ministro entregase su cartera y papeles de Estado y abandonase sine die la corte bajo escolta militar.
No contenta con cesar fulminantemente a Pombal, María I reunió un alto tribunal que se encargase de juzgarle por sus "crímenes" de Estado (el Proceso y ejecución de los Távora y Aveiro; la expulsión de los Jesuitas) acontecidos bajo el reinado de su padre, 18 años atrás. Pero, muy a su pesar, todas las acciones judiciales emprendidas contra el antiguo primer ministro jamás prosperaron.  
María I fue la primera reina de Portugal en ejercer efectivamente el poder. Su primer acto como soberana fue cesar en su cargo al Marqués de Pombal, primer ministro ilustrado del reinado anterior, y exiliarlo lejos de la corte. María I nunca perdonaría al ministro su brutal actuación en el Juicio contra los marqueses de Távora y los duques de Aveiro, ejecutados bestialmente en enero de 1759 por haber urdido un atentado contra la persona del rey José I en 1758. Reina amante de la paz, dedicada enteramente a obras sociales y de caridad, concedería asilo a numerosos aristócratas franceses huídos del régimen de terror instalado por la Revolución Francesa de 1789.
Era tan dada a la melancolía y tan religiosa, y de naturaleza tan impresionable que, cuando unos ladrones entraron en una iglesia lisboeta y desparramaron por el suelo las hostias consagradas en medio del pillaje, decretó nueve días de luto, apartó los negocios públicos y de Estado y acompañó a pie, con un cirio en mano igual que una penitente, la procesión reparadora de semejante crimen que recorrió toda la capital.

Portrait_of_Pedro,_Prince_of_Brazil_(1717-1786) 
Don Pedro de Braganza, Infante de Portugal, Señor del Infantado y Duque de Beja, Gran Prior de Crato (1717-1786); Príncipe consorte de Beira y de Brasil -futuro rey-consorte Pedro III de Portugal-.
El que fuera Infante de Portugal, Don Pedro Clemente Francisco José Antonio de Braganza (5-VII-1717 / 25-V-1786), y marido de la piadosa María I, era ni más ni menos que hermano menor del rey Don José I de Portugal, hijo a su vez de Juan V y de Maria-Ana de Austria, reyes de Portugal. Como príncipe menor y segundo en la línea sucesoria, ostentó los títulos de Señor del Infantado, Gran-Prior de Crato y Duque de Beja antes de contraer matrimonio con su sobrina carnal en 1760.
Retrato de Don Juan V de Bragança, Rey de Portugal y de los Algarves (1689-1750).
Juan V, Rey de Portugal y de Los Algarves (1689-1750)
En el momento de la boda, Don Pedro contaba 43 años de edad mientras que la novia cumulaba 26 primaveras. Había sido el hijo segundón pero predilecto del rey Juan V, quien no reparó en cubrirle de prebendas, títulos y pensiones con el fin de asegurarle un futuro lleno de comodidades. Por ello, y no sin lógica, le concedió el Gran Priorato de Crato y el Señorío del Infantado que solían siempre corresponder al príncipe segundón de la Familia Real, consiguiéndole incluso la Orden del Toisón de Oro español.
Sin embargo, sus relaciones con su hermano mayor y futuro rey no fueron nada buenas. Por cuestión de celos o por otros motivos, cuando José I accedió al trono le conminó a que se alejase de la corte y que residiera de forma permanente en La Quinta del Infantado, en Queluz. Es gracias a esa reclusión forzada que el entonces Infante Don Pedro, Duque de Beja, decidiera reformar su residencia de Queluz y convertirla en un palacio versallesco bajo la dirección del arquitecto luso Mateus Vicente de Oliveira y del arquitecto y escultor francés Jean-Baptiste Robillon, a partir de 1747.
María I, Reina de Portugal (1734-1816) y su tío y esposo, el rey-consorte Don Pedro III
María I, Reina de Portugal (1734-1816) y su tío y esposo, el rey-consorte Don Pedro III (1717-1786), retratados juntos el año de su subida al trono Luso en 1777.
No se tiene por probada, en su época de Príncipe consorte de Beira y de Brasil, su abierta oposición al Marqués de Pombal, entonces ministro todopoderoso de José I. Sin embargo, cuando su mujer María I ascendió al trono en 1777, se mostró muy receptivo a la hora de recibir las quejas y súplicas de los enemigos de Pombal y que era conocido su deseo de que la represión contra el marqués y sus partidarios fuera más dura y contundente. Pero, en tan espinoso asunto, tanto Don Pedro III como María I tuvieron que frenarse: si había materia de sobras como para inculpar a Pombal e imputarle por sus "crímenes" de Estado, también se corría el peligro de implicar a la figura del rey José I y envilecer su memoria a través de las actuaciones de su primer ministro, porque al fin y al cabo, Pombal siempre actuó de acuerdo con el fallecido monarca.
Pedro, como María, era extremadamente religioso..., hasta tal punto que le apodaron póstumamente "el Sacristán" gracias al historiador liberal luso del siglo XIX Oliveira Martins. El mismo autor define al rey-consorte con esas palabras exentas de complacencia: "...el Rey (...) no se concebía hombre más feo, con cara de idiota, expresión feroz, cabellera desaliñada, con aire de borracho, un sacristán."
Tal caricatura encuentra, sin embargo, no pocas críticas de la pluma del último biógrafo de la reina María I, Caetano Beirao, quien dice que ciertamente los reyes eran muy devotos aunque su fe "era viva, servida por una inteligencia esclarecida y exenta de cualquier superstición..."
Defensor de los padres Jesuitas, que habían sido expulsados de los dominios de la Corona Lusa en 1759 por Pombal, Don Pedro III echaba de menos a esos que tan buena educación y enseñanza le habían proporcionado en sus años de aprendizaje. 
Contribuyó con su esposa a la restauración de la Compañía de Jesús en tierras lusas, aunque con gran cuidado, prudencia y discreción con la Santa Sede, con el fin de evitar malmeterse con la corte de Madrid.
Pero las negociaciones entre Lisboa y Roma serán descubiertas por la diplomacia francesa, cuyo jefe, el Conde de Vergennes, escribiría preocupado al embajador galo en la corte lusa para que éste intentase que Don Pedro III no se alienara las simpatías de Madrid, que gran falta le hacían a Portugal, por culpa de su predilección por los Jesuitas.
De hecho, Don Pedro III, en su calidad de rey-consorte, fue considerado por sus contemporáneos como una figura política neutra, aunque ciertamente tenía gran ascendencia sobre su mujer, a la que adoraba y por la cual era adorado, y que siempre acababa por ceder a sus peticiones, que algunos clasificaban como siendo en su mayoría "unas fruslerías".
Cuando la reina le preguntaba sobre su opinión sobre un individuo u otro de su corte, para cualquier puesto ministerial o cargo administrativo, Don Pedro tenía la mala costumbre siempre de soltar un "Es capazeidóneo!", aglutinando en una sola palabra los calificativos de "capaz" e "idóneo" para remarcar su aprobación. Fruto de aquellas anécdotas sería su apodo de Don Pedro el Capacidónio.
El 24 de octubre de 1779, Pedro III puso la primera piedra de la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús de La Estrella, mandada construir por la reina María I en cumplimiento a una promesa hecha, en el caso de que el Cielo le concediese descendencia masculina.
Pedro III fue protector de la alta nobleza. Patrocinó, por ello, las peticiones de los herederos de los ajusticiados en el célebre Juicio de los Távora, cuya rehabilitación fue objeto de numerosos procesos judiciales, en los que los herederos también perdieron la restitución de los bienes incautados por la Corona.
Fallecería en el Palacio de Nª Sra. de Ajuda, en Lisboa, el 25 de mayo de 1786, a la edad de 69 años, tras nueve de co-reinado junto a su esposa y sobrina carnal María I. Su muerte sería uno de los primeros detonantes de la inestabilidad mental de su esposa.
Sus restos recibirían sepultura en el Panteón de los Braganza, en San Vicente de Fora. 
El año de 1786 marca un punto de inflexión en el reinado personal de María I. Su marido y rey-consorte, Don Pedro III de Portugal, fallece dejándola hecha un mar de lágrimas e inconsolable. Es el primer golpe que hace tambalear los cimientos de su razón.
Menos de dos años después, en 1788, su primogénito y heredero, Don José, Príncipe de Beira y de Brasil, fallece de viruela a sus 26 años de edad y sin descendencia de su consorte que, para colmo, es también su tía carnal: la Infanta Maria-Benedicta de Portugal. Su dolor como madre, comprensible, sobrepasa sin embargo lo esperado. Desolada y destrozada, no consigue superar la pérdida.
JOS-DE~1. El Infante Don José, Príncipe de Beira y de Brasil 
El Infante Don José, Príncipe de Beira y de Brasil (1761-1788), el heredero malogrado... 
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La Infanta María-Benedicta de Portugal, Princesa de Beira y de Brasil (1746-1829), hermana menor de la Reina María I y consorte de su sobrino carnal Don José; después de 1788, se la conocía popularmente como la Princesa Viuda.
En 1789, el estallido de la Revolución Francesa y sus atrocidades, la impresionan hondamente. Es el tercer martillazo que resquebraja su cordura.
Mentalmente inestable, la reina María fue, desde el 10 de febrero de 1792, obligada por su Consejo de Ministros a aceptar que su heredero tomase en mano los asuntos del Estado, en su nombre.
Andaba ya traumatizada y apenada por una visión obsesiva de que su difunto padre el rey José I estaba sufriendo en el infierno por haber permitido a Pombal perseguir y expulsar a la Compañía de Jesús. Definía sus visiones como un "monte del calvario calcinado"... Su extrema religiosidad, su fanatismo y su credulidad contribuyeron en mucho a su empeoramiento mental y al aniquilamiento de su cordura, pero sin duda las tragedias personales dieron el golpe de gracia a una estabilidad psíquica de por si muy frágil.
Para remediar semejantes males, la corte lusa contrata al Doctor Willis, de Londres, psiquiatra y médico real de Su Graciosa Majestad el Rey Jorge III de Gran-Bretaña, que había tenido una grave crisis en 1788, que hoy día tenemos identificada como "porfiria" gracias a los síntomas descritos por sus médicos.
Pero los métodos del Dr. Willis y sus "remedios evacuantes" no surten efecto en la real paciente lusa. Si acaso, la reina no parece mejorar en nada.
María I "La Piadosa" de Portugal  dio paso a "La Loca" a partir de su enviudamiento en 1786 y a la muerte de su primogénito en 1788...
En 1799, su locura se agrava notablemente; se achaca el empeoramiento a las noticias procedentes de Francia: el triunfo de la Revolución, la caída de la monarquía tras el episodio de Varennes, el aprisionamiento de la Familia Real Francesa en 1792 y las ejecuciones de Luis XVI y de María-Antonieta en enero y octubre de 1793, sumándose a estos regicidios el peor de los crímenes: la muerte por inanición del pequeño Luis XVII en la Torre del Temple.
Desbordada por los acontecimientos, María I pierde totalmente el contacto con la realidad y parece vivir en un permanente sueño a su medida. Ante la situación, y sin esperanzas de que la reina recobre la cordura, su hijo y heredero Don Juan asume las riendas del poder en su nombre con el título de regente.
Huída a Brasil
En 1801, el entonces valido del rey Carlos IV de España, Manuel de Godoy, respaldado por los franceses de Napoleón, invade Portugal por breve tiempo (La Guerra de las Naranjas) y mediante el Tratado de Badajoz, consigue que la plaza de Olivença pase a ser posesión española.
Don Juan, Príncipe de Beira y de Brasil
Don Juan, Príncipe de Beira y de Brasil (1767-1826), Regente de Portugal en nombre de su madre la reina María I -futuro rey Juan VI de Portugal-.
Bajo la regencia de Don Juan, Portugal continuó siendo la "espina" clavada en una Europa que iba paulatinamente doblegándose bajo la bota de Napoleón. Lejos de comulgar con las directrices galas, Portugal se negó a observar el bloqueo naval contra el Reino Unido de Gran-Bretaña -su vieja aliada comercial desde hacía siglos- y fue, en consecuencia, invadida por los ejércitos napoleónicos liderados por el mariscal Junot, con el beneplácito de España.
Ante la amenaza de una inminente invasión, se decidió que toda la Familia Real Lusa embarcase para Brasil, con el fin de no caer prisionera de Napoleón. De este modo, el 13 de noviembre de 1807, el regente ordenó que toda la Familia Real, incluyendo la reina María I y su corte, abandonase Portugal para zarpar en dirección a Río de Janeiro. Poco después, el mariscal Junot entraba en Lisboa y ocupaba todo el reino luso, erigiéndose como su nuevo gobernante en nombre del emperador Napoleón.

El 27 de Noviembre de 1807: a las 11 de la mañana, la Familia Real Portuguesa embarca en el Puerto de Belém, Lisboa, para Río de Janeiro... huyendo de la invasión francesa.
Irónicamente, en 1808, aconteció lo mismo en aquella España que había permitido el paso de los ejércitos galos por su territorio para la invasión de Portugal. Los reyes Carlos IV y MªLuisa, y su hijo Fernando VII, que se habían ensalzado en una disputa por el poder (Motín de Aranjuez; caída de Godoy), se vieron conminados a abandonar Madrid y a reunirse con Napoleón en Bayona para que, supuestamente, aquél mediara entre padres e hijo. De hecho, la entrevista de Bayona era una trampa: Napoleón forzó a Fernando VII para que abdicase la corona española en su padre Carlos IV (que había renunciado a ella tras el Motín de Aranjuez) y éste tuvo, a su vez, que cederla al emperador quien, enseguida, la entregó a su hermano José Bonaparte, entonces rey de Nápoles.
La Familia Real Española apresada en Bayona, fue dispersada y recluida en distintos puntos de Francia: Carlos IV y MªLuisa en el palacio de Compiègne, y el Príncipe de Asturias (Fernando VII) y su tío el Infante Don Antonio Pascual en el castillo de Valençay, propiedad del Príncipe Charles-Maurice de Talleyrand-Périgord, vice-canciller del Imperio.
Gran-Bretaña, lejos de olvidar a su vieja aliada lusa, respondió militarmente a la ocupación francesa enviando al Duque de Wellington al frente de un ejército liberador que desembarcó el 1 de agosto de 1808, iniciándose así la "reconquista" de Portugal y la posterior expulsión del invasor francés (Guerra Peninsular).
Arthur Wellesley I duque de Wellington
Arthur Wellesley, 1er Duque de Wellington (1769-1852); el general británico encabezó la expedición militar que tenía por misión liberar Portugal del invasor francés y conseguir su retirada de la Península Ibérica...
Entre 1809 y 1810, el ejército británico-luso luchó contra el ocupante galo bajo la dirección de Wellington, consiguiendo la retirada del mariscal Junot y de sus tropas tras la batalla de Lineas de Torre. Y cuando Napoleón fue definitivamente derrotado en 1815, María I y la Familia Real Portuguesa se encontraba bien instalada en Brasil.
El 16 de diciembre de 1815, María I fue proclamada Reina del Reino Unido de Portugal, Brasil y de los Algarves.
Menos de tres meses después, el 20 de marzo de 1816, la reina María I fallecía totalmente ajena a los acontecimientos, a la edad de 81 años y faltando cuatro días para cumplir los 82, en Río de Janeiro.
Habrían de pasar unos años antes de que sus restos fueran trasladados a la metrópoli que la había visto nacer, siendo definitivamente enterrada en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús de la Estrella, en Lisboa.

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