domingo, 12 de diciembre de 2010

Felipe V de Borbón.


               Rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña,
             Duque de Milán y  Soberano de los Países bajos.
                             Casa Real de Borbón.
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Escudo de Felipe V de España Toisón y Espiritu Santo Leones de gules.svg Felipe V de Borbón, llamado el Animoso (Versalles, 19 de diciembre de 1683 – Madrid, 9 de julio de 1746), fue rey de España desde el 15 de noviembre de 1700 hasta su muerte, sucesor del último monarca Habsburgo de España, su tío-abuelo Carlos II, y primer monarca de la dinastía Borbón. Su reinado de 45 años y 3 días (en dos periodos separados) es el más dilatado de la monarquía hispánica.


Retrato de Felipe V, por Hyacinthe Rigaud (1701). Musée de châteaux de Versailles et de Trianon (Versalles)
Philippe de Bourbon, duque de Anjou, nació en Versalles como segundo de los hijos de Luis, Gran Delfín de Francia (1661–1711) y de María Ana de Baviera, nieto por tanto del rey Luis XIV de Francia y María Teresa de Austria, nacida infanta de España.
Al no tratarse del primogénito, sus posibilidades de heredar el trono de Francia parecían poco probables, al igual que el de la Monarquía Hispánica, puesto que su abuela paterna María Teresa (hija de Felipe IV —de su primer matrimonio, con Isabel de Borbón y por tanto hermanastra del rey Carlos II de España nacido del segundo matrimonio de aquél, con Mariana de Austria) había renunciado a sus derechos al trono español para poder casarse con el rey de Francia (que, por otro lado, era también primo hermano suyo, tanto por parte de padre como de madre). De hecho, Luis XIV y los demás reyes europeos ya habían pactado que el heredero del trono de España sería José Fernando de Baviera, ante la previsible muerte sin herederos de Carlos II. Este Primer Tratado de Partición, firmado en La Haya en 1698 adjudicaba a José Fernando los reinos peninsulares (exceptuando Guipúzcoa), Cerdeña, los Países Bajos españoles y los territorios americanos. Francia se quedaría con Guipúzcoa, Nápoles y Sicilia, y Austria con el Milanesado.
A la muerte de José Fernando de Baviera en 1699, se negocia un nuevo Tratado a espaldas de España y su rey, el Segundo Tratado de Partición de 1700. En él se reconocía como heredero al Archiduque Carlos, asignándole la península, los Países Bajos y las Indias; Nápoles, Sicilia y Toscana serían para el Delfín; Leopoldo, duque de Lorena, recibiría Milán a cambio de ceder Lorena y Bar al Delfín. Mientras que Francia, Holanda e Inglaterra estaban satisfechos con el acuerdo, el Emperador no lo estaba y reclamaba la totalidad de la herencia española, ya que pensaba que el propio Carlos II nombraría heredero universal al archiduque.
Sin embargo, antes de morir, Carlos II nombró como heredero a su sobrino-nieto Felipe, con la esperanza de que Luis XIV evitara la división de su imperio, al ser rey de España su propio nieto. Poco después, el 1 de noviembre de 1700 moría Carlos II, y Felipe de Borbón, duque de Anjou, aceptaba la Corona el 15 de noviembre.
La noticia de la muerte de Carlos II el 1 de noviembre en Madrid llega a Versalles el 6 de noviembre. El 16 de noviembre de 1700, Luis XIV anunció en el tribunal español, que acepta la voluntad de su primo, hermano y sobrino. A continuación, se presenta a su nieto, de diecisiete años, a la Corte con estas palabras: «Señores, aquí el rey de España». Entonces le dijo a su nieto: «Pórtate bien en España, que es tu primer deber ahora, pero recuerda que naciste en Francia, para mantener la unión entre nuestras dos naciones es la manera de hacerlos felices y preservar la paz de Europa».
Tras el evento, todas las monarquías europeas, y el imperio español, reconoce al nuevo rey. Felipe V dejó Versalles el 4 de diciembre. Llegó a Madrid, en el 22 de enero de 1701. Pero después de unos meses de reinado, los errores políticos se acumularon:
En el 1 de febrero de 1701, el Parlamento de París conserva cartas de derechos a Felipe V, a su derecho al trono de Francia;
En febrero de 1701, Luis XIV, a petición del Consejo de Regencia español, envía tropas francesas junto a las guarniciones españolas de los Países Bajos Españoles, en la frontera con las Provincias Unidas, instaladas de acuerdo a un tratado bilateral firmado en 1698;
Tras el fallecimiento en el exilio de Jacobo II de Inglaterra, en septiembre de 1701, Luis XIV reconoció como rey de Inglaterra y Escocia a su hijo Jacobo Estuardo el viejo pretendiente, con gran indignación del rey Guillermo III de Inglaterra;
Los franceses se establecieron en los altos cargos en Madrid y la nueva forma de orientar la política española.
Aunque la mayoría de los países aceptaron al nuevo rey, el Emperador Leopoldo se negó a hacerlo, al considerar que el Archiduque Carlos de Austria, su segundo hijo, tenía más derechos al trono. Poco después, Luis XIV, reconocía que los derechos sucesorios a la Corona de Francia de su nieto segundogénito, el nuevo rey de España, permanecían intactos. A pesar de que la posibilidad de que Felipe heredara el trono francés era remota, ya que el hijo de Luis XIV, el Gran Delfín gozaba de una excelente salud, y el hijo de éste y hermano mayor de Felipe, estaba también en edad de reinar y casado, la perspectiva de una unión de Coronas de España y Francia bajo la Casa de Borbón, pilotada desde la corte de Versalles, era temida por el resto de potencias. Ante esta situación, Inglaterra-Escocia, las Provincias Unidas (ambos países bajo la autoridad de Guillermo III de Inglaterra, Rey de Inglaterra y Escocia y estatúder de las Provincias Unidas), y los Habsburgo austríacos, firmaron en septiembre de 1701, el Tratado de La Haya. Previamente, el rey francés había establecido una alianza formal con el elector de Baviera en el tratado de Versalles de marzo de 1701, y en septiembre de 1701, Luis XIV logró que Felipe V se casara con María Luisa Gabriela de Saboya, que se convertiría en su mayor apoyo en los difíciles momentos que pronto tendrían lugar; ya su hermano, el duque de Borgoña se había casado con la hermana de María Luisa, con lo que el matrimonio de las dos hermanas con dos hermanos iba dirigido a lograr una alianza con Saboya y a facilitar la entrada francesa en Italia.
En mayo de 1702, la Gran Alianza de Haya declaró la guerra a Francia y España, dando así comienzo la Guerra de Sucesión Española (1702–1714).
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Genealogía de Felipe V, duque de Anjou y rey de España (1700–1746)

Guerra de Sucesión Española (1700–1714)

La Guerra de Sucesión se trataba de un conflicto internacional, pero también de un conflicto civil, pues mientras la Corona de Castilla y Navarra se mantuvieron fieles al candidato borbónico, la mayor parte de la Corona de Aragón prestó su apoyo al candidato austriaco. En el interior los combates fueron favorables a las tropas felipistas, que tras la victoria de Almansa (1707) obtuvieron el control sobre Aragón y Valencia.
En 1713 el Archiduque Carlos fue elegido emperador de Alemania. Las potencias europeas, temerosas ahora del excesivo poder de los Habsburgo, retiraron sus tropas y firmaron ese mismo año el Tratado de Utrecht, en los que España perdía sus posesiones en Europa y conservaba los territorios metropolitanos (a excepción Gibraltar y Menorca, que pasaron a Gran Bretaña) y de ultramar. No obstante, Felipe fue reconocido como legítimo rey de España por todos los países, con excepción del Emperador, que seguía reclamando el trono español.
A pesar de las condiciones personales y de su enfermedad, que le sumía en intermitentes y largas demencias, supo elegir a sus ministros: desde los primeros gobiernos franceses, seguidos por el de Julio Alberoni y, tras la aventura del barón de Ripperdá, por los ministros españoles, entre los que destacó, por su programa de gobierno interior y por su acción diplomática, José Patiño. Actuaban desde las secretarías de Estado y de Despacho, el equivalente más cercano a los ministerios posteriores, que suplantaron a los consejos del régimen polisinodial de los Austrias, reservados para honores y consideraciones pero vaciados de poder, a excepción del Consejo de Castilla, creciente en sus atribuciones. Por ello, la oposición a los gobiernos de Felipe V provino siempre de los nobles relegados.
Durante su largo reinado, consiguió cierta reconstrucción interior en lo que respecta a la Hacienda, al Ejército y a la Armada, prácticamente recreada por exigencias de la explotación racional de las Indias y como medio inevitable para afrontar las rivalidades marítimas y coloniales de Inglaterra. El logro fundamental, no obstante, fue el de la centralización y unificación administrativa y la creación de un Estado moderno, sin las dificultades que supusieran antes los reinos históricos de la Corona de Aragón, incorporados al sistema fiscal y con sus fueros y derecho público (no así el privado) abolidos con la aplicación de los Decretos de Nueva Planta. Se gobernó España desde Madrid.
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                   Portada de los Decretos de Nueva Planta.
Los Decretos de Nueva Planta (Decreto de 1707 para Aragón y Valencia, de 1715 para Mallorca y de 1716 para Cataluña) impusieron el modelo jurídico, político y administrativo castellano en los territorios de la antigua Corona de Aragón, que habían tendido, especialmente en Cataluña, a apoyar las pretensiones del candidato austriaco. Sólo las Provincias Vascongadas y Navarra, así como el Valle de Arán en el Principado de Cataluña, que habían demostrado fidelidad al nuevo Rey durante la guerra, conservaron sus fueros y sus instituciones forales tradicionales. Así, el Estado se organizó en provincias gobernadas por un Capitán General y una audiencia, que se encargaron de la administración con total lealtad al gobierno de Madrid. Además, para la administración económica y financiera se establecieron las Intendencias provinciales, siguiendo el modelo francés. Conllevó la aparición de la figura de los intendentes.
Para el gobierno central se crearon las secretarías de Estado, antecesoras de los actuales ministerios, cuyos cargos eran ocupados por funcionarios nombrados por el rey. Se abolieron los Consejos de los territorios desaparecidos jurídica o físicamente de la Monarquía Católica (Consejos de Aragón, Italia y Flandes). Quedaron pues el de Navarra, el de Indias, el de la Inquisición, el de Órdenes (el único que ha pervivido hasta nuestros días), etc. De hecho, todo se concentró en el Consejo de Castilla. Además, se organizaron las Cortes de Castilla, en las que se integraron progresivamente representantes de los antiguos estados aragoneses. No obstante el declive de las Cortes Castellanas continuó como en los siglos precedentes, con un papel meramente protocolario (como juras de los Príncipes de Asturias).
Felipe V se enfrentó a la ruinosa situación económica y financiera del Estado, luchando contra la corrupción y estableciendo nuevos impuestos para hacer más equitativa la carga fiscal.
Fomentó la intervención del Estado en la economía, favoreciendo la agricultura y creando las llamadas manufacturas reales. Al final de su reinado los ingresos de la Hacienda se habían multiplicado y la economía había mejorado sustancialmente.
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              Palacio Real de la Granja de San Ildefonso.
Siguiendo el ejemplo de su abuelo Luis XIV, quien consideraba la cultura y el arte como un medio para demostrar la grandeza real, Felipe V fomentó el desarrollo artístico y cultural. Ordenó la construcción del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, inspirado en el estilo francés cuyo modelo paradigmático era Versalles, al cual se retiraba para cazar y recuperarse de su depresión. Con todo la influencia italiana en el arte cortesano del reinado es notoria, debida principalmente a la fuerte personalidad de la reina Isabel Farnesio. Felipe V adquirió para decorar la Granja importantes esculturas romanas de Cristina de Suecia. Su otro gran proyecto artístico fue el Palacio Real de Madrid, que ordenó construir tras el incendio del antiguo Alcázar, que siempre le disgustó. Durante su reinado se amplió y reformó notablemente el palacio de Aranjuez. Su reinado coincidió con la introducción en España el estilo rococó.
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                          Palacio real de Madrid.
Felipe V fue también el fundador de organismos culturales tan prestigiosos como la Real Academia Española y la Real Academia de la Historia, siguiendo el modelo francés.
También en el terreno del derecho dinástico Felipe V instauró en España los usos franceses. Así, el 10 de mayo de 1713 promulgó un nuevo reglamento de sucesión en el que las mujeres sólo podrían heredar el trono de no haber herederos varones en la línea principal (hijos) o lateral (hermanos y sobrinos), con lo que se pretendía bloquear el acceso de dinastías extranjeras al trono español.
Como consecuencia de las necesidades de la guerra y siguiendo el modelo francés, Felipe V realizó una profunda remodelación de la guerra, sustituyendo los antiguos tercios por un nuevo modelo militar basado en brigadas, regimientos, batallones, compañías y escuadrones. Se introdujeron novedades como los uniformes, los fusiles y la bayoneta, y se perfeccionó la artillería.
Durante el reinado de Felipe V se inicia la reconstrucción de la armada española, construyéndose buques más modernos y nuevos astilleros y organizando las distintas flotillas y armadas en la Armada Española (1717). Esta política sería proseguida por sus hijos, y hasta finalizar el siglo el poder naval español siguió siendo uno de los más importantes del mundo.
Cabe destacar que, si bien Felipe V tenía un poder absoluto, nunca gobernó como tal. La enfermedad que padecía desde la adolescencia y que provocaba en el rey ataques transitorios de depresión (Isabel de Farnesio pretendió curar la melancolía del Rey con el canto del castrati Farinelli) impidió que Felipe V pudiera cumplir regularmente con sus tareas de gobierno. Por ello, el verdadero poder lo ejercieron sus primeros ministros, algunos cortesanos como la princesa de los Ursinos y posteriormente su segunda mujer, Isabel de Farnesio, con la que se había casado en 1714.
Felipe V comía a diario gallina hervida, que le era servida junto con un cúmulo de pócimas, brebajes y tónicos para estimular su actividad sexual. A tal efecto todos los días desayunaba cuajada y un preparado de vino, leche, cinamomo, yemas de huevo, clavo y azúcar. La actividad del rey era tan desenfrenada que llegó a ser motivo de preocupación en los círculos cortesanos. En 1716 el embajador francés en Madrid informaba a Versalles que el rey estaba agotado, al borde de la extenuación “por el uso demasiado frecuente que hace de la reina”.

Algunos médicos, como el francés Burlet, advirtieron al rey que tales excesos estaban poniendo en peligro su vida. Pero esta advertencia no sentó precisamente bien a la reina, Isabel de Farnesio, que al tener conocimiento de ello hizo salir inmediatamente al médico de la corte. Esta actitud de la parmesana señala hasta qué punto era consciente de dónde residía su poder sobre Felipe V. El monarca, apocado y abúlico, se convertía con facilidad en un juguete en manos de la persona que estuviese más próxima. De ahí que la reina no quisiese oír ni hablar de separaciones. Algunos contemporáneos afirmaban que ella misma se encargaba de agravar las debilidades de su marido para de esta forma poder controlar mejor su voluntad.
En 1717 el rey cayó gravemente enfermo. Sufría delirios y verdaderos ataques de histeria. Había opiniones para todos los gustos y el ambiente de la corte se encontraba enrarecido. La reina trataba de controlar la situación y evitar que ésta degenerara.
Comenzó a circular un extraño rumor: se decía que la ropa blanca del rey y la reina irradiaba luz. El fenómeno afectaba a paños, sábanas, camisas… Como no se encontraba una explicación racional al suceso, se buscó otra de tipo más providencialista, llegándose a la conclusión de que se debía a que el número de misas dichas por el alma de Luisa Gabriela de Saboya, la primera esposa, había sido insignificante. Si tal era la causa, la solución era fácil: se ordenó decir doscientas mil misas por el eterno descanso de la reina difunta y, por si acaso, se renovó toda la mantelería y vestuario real afectado.
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        Retrato de Isabel de Farnesio, por Louis-Michel van Loo (c. 1739). Óleo sobre lienzo, 150 x 110 cm, Museo del Prado (Madrid).
Al parecer el fenómeno volvió a repetirse y Felipe V estuvo a punto de enloquecer. Ordenó establecer vigilancia permanente sobre su ropa personal y para evitar posibles hechizos su confección se encargó a monjas, pensando, sin duda, que manos tan celestiales sabrían evitar aquella obra del diablo. El rey se negaba a cambiar sus mudas de ropa interior hasta que las mismas, hechas jirones, quedaban inutilizables.
Poco después del matrimonio del primogénito, en 1721, el monarca entró otra vez en una fase de profundo abatimiento que le hizo desentenderse de todo lo relacionado con los asuntos de Estado. Pasaba largas temporadas en un palacio que se estaba construyendo en la frondosa zona de los pinares de Balsaín, en la sierra de Guadarrama, un palacio conocido como La Granja de San Ildefonso. Allí se retiraba en compañía de la reina.
El duque de Saint-Simon nos presenta al monarca por estos años como un verdadero demente: el rostro desencajado, perdido el color a su consecuencia de su costumbre de vivir de noche y permanecer encerrado durante el día. Su físico estaba notablemente envejecido para un hombre que aún no había cumplido los 40. Nunca había tenido facilidad de palabra, pero ahora llamaba la atención la torpeza de su habla, que en algunos momentos le impedía hilar adecuadamente las frases. A todo esto venía a sumarse su falta de aseo personal y su indumentaria. No se mudaba de ropa.
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Retrato de Felipe V, por Louis-Michel van Loo (c. 1739). Óleo sobre lienzo, 154 x 113 cm, Museo del Prado (Madrid).
                   Reformas políticas y administrativas
La administración pública correría directamente por cuenta del Estado y se establecieron las intendencias. La administración sería ejercida en adelante por la Corona y por funcionarios públicos especialmente nombrados para tales fines.
Todas las funciones de la administración pública debían caer en manos de profesionales. El nombramiento de los funcionarios tendría en cuenta únicamente su preparación y competencia. Sólo ascenderían por sus méritos y debían percibir un buen salario para evitar la corrupción.
Una completa modernización de las técnicas administrativas. Esto sería posible gracias al profesionalismo de los funcionarios públicos y a la elaboración de leyes e indicaciones claras. La rendición de cuentas a las autoridades sería regular y periódica, y la fiscalización se realizaría permanentemente, pudiendo sustituir al funcionario que no cumpliera sus funciones.
La obligatoria e inmediata observancia de la ley. Durante los siglos XVI y XVII muchas ordenanzas enviadas desde la metrópoli fueron «acatadas, mas no cumplidas» por las autoridades coloniales. Según el historiador Céspedes del Castillo, la meta reformadora consistió en sustituir esa fórmula por otra como esta: "Obedezco, cumplo e informo de haberlo hecho con rapidez y exactitud". Reformas de la Iglesia: limitación del poder del Arzobispado y de las funciones de los obispos.
                                 Reformas económicas
Fortalecimiento y regulación de actividades económicas. España debía recuperar el comercio con sus posesiones de ultramar, arrebatándoselo a los franceses e ingleses, y combatir el contrabando.
La mejora del sistema fiscal. Se aumentaron los impuestos y se crearon aduanas, encargadas de recaudar los impuestos del comercio interior y exterior.
Felipe V ratificó las medidas mercantilistas, como la prohibición de importar manufacturas textiles o la de exportar grano; y se intentó reanimar el comercio colonial a través de la creación de compañías privilegiadas de comercio (al estilo de los Países Bajos o el Reino de Gran Bretaña) aunque no tuvieron demasiado éxito. Las cláusulas del tratado de Utrecht que daban a Inglaterra el derecho a un navío de permiso y el asiento de negros hacían que fuera más sencillo para los comerciantes ingleses que para los españoles (sujetos a las reglamentaciones monopolísticas de la flota de Cádiz y la Casa de Contratación).
                        Reformas culturales
El control de la educación pasa a manos del Estado. La instrucción también fue objeto de reforma; la enseñanza primaria siguió en manos de las órdenes religiosas ante la falta de profesorado competente. Sin embargo, la educación universitaria fue reformada a fondo.
Se crearon nuevas instituciones de educación superior llamadas “colegios mayores”, que eran administrados por el Estado, como el Colegio de Minería; en ellos se implantó el sistema de provisión de becas. Las academias científicas completaron las reformas en este campo.

                           Política exterior (1715 – 1724)


Los protagonistas de este período fueron Isabel de Farnesio y el primer ministro Giulio Alberoni, agente de la corte de Parma que había negociado su enlace matrimonial y que funcionó como el hombre fuerte en la Corte. La muerte de Luis XIV produjo el ascenso como regente de Francia del Duque de Orleans, enemigo personal de Felipe V, frustrando toda posible aspiración a intervenir de ningún modo en Versalles. Esto llevó a un giro en la política exterior, que se suma al producido en el interior.
Cabe destacar de esta fase la política exterior, que partió del rechazo de los tratados de Utrecht y Rastatt y tuvo como objetivo la recuperación de los territorios italianos para situar en ellos a los hijos de Isabel de Farnesio y crear Estados satélites de España.
En 1717 las tropas españolas tomaron Cerdeña e invadieron Sicilia al año siguiente. Por ello, Gran Bretaña, Francia, Holanda y Austria firmaron la Cuádruple Alianza contra España. Una escuadra inglesa destruyó la armada española en Cabo Pesaro y los aliados solicitaron la dimisión de Giulio Alberoni, promotor de esta política, como condición para la paz.
A finales de 1723 entró en una fase de apatía total. Ninguno de los remedios que le aplicaban surtió efecto. Su estado era tan lamentable que algunos pensaban que su muerte estaba próxima. Había abandonado el contacto con la mayor parte de los miembros de la corte y no quería saber absolutamente nada de ningún asunto de gobierno. La reina permanecía las 24 horas a su lado, y solo cuando el rey se confesaba se alejaba unos metros de él. En estas circunstancias no pudo sorprender el decreto que Felipe V firmaba el 10 de enero de 1724 en virtud del cual hacía solemne abdicación en su hijo Luis.
El desdichado monarca poco imaginaba que al cabo de sólo 7 meses perdería a su joven hijo, y que ello le obligaría a volver a sentarse en el trono.

               




Retrato de Luis I, rey de España, por Jean Ranc (c. 1724). Óleo sobre lienzo, 108 x 84 cm, Museo del Prado (Madrid).
El 10 de enero de 1724 el rey Felipe V firmó un decreto por el que abdicaba en su hijo Luis. El príncipe recibió los documentos el 15, siendo publicada la disposición al día siguiente. Los motivos de esta abdicación aún no han sido aclarados. Durante esa época se rumoreó que el monarca esperaba acceder al trono de Francia ante una posible muerte prematura de Luis XV que le convertiría en su sucesor, siempre y cuando no ocupara el trono español (puesto que el Tratado de Utrecht prohibía que España y Francia estuvieran regidos por una misma persona). O también es posible que la adbicación de Felipe V fuese la acción de un hombre enfermo de mente que es consciente de que no está en condiciones de gobernar y se quita de en medio.
A pesar de ello, Felipe e Isabel siguieron dominando la política española desde su retiro de La Granja de San Ildefonso, mientras que Luis I, que aún era demasiado joven, se convirtió en un títere de su padre y su madrastra.
Luis I reinó sólo durante siete meses. A su muerte, Felipe V reasumió sus funciones de gobierno, presionado por su esposa, en contra de los derechos de su hijo Fernando, el nuevo príncipe de Asturias.

Política exterior (1725–1746)



Pérdidas territoriales como consecuencia del Tratado de Utrecht.
En 1725 se firman tratados de paz y alianza con Carlos VI de Austria y al año siguiente comienza la guerra hispano-británica. Esta rivalidad, originada en las ventajas que había obtenido Inglaterra en el Tratado de Utrecht, marcará el resto del reinado con incesantes incidentes marítimos (desde 1739 la conocida con el nombre de Guerra de la oreja de Jenkins). La organización de la Liga de Hannover entre las potencias europeas recelosas del tratado hispano-austriaco obligó a denunciarlo y a firmar el Convenio de El Pardo (1728) que reconoció definitivamente la vigencia del Tratado de Utrecht. Bajo la dirección de Patiño se reorientó la política exterior, buscando la alianza con Francia a través del Primer Pacto de Familia (1733), en el contexto de la Guerra de Sucesión Polaca.
La ambivalente posición frente al tratado de Utrecht y la política europea de Francia también tuvo como objetivo la recuperación de los territorios italianos para situar en ellos a los hijos de Isabel de Farnesio y crear estados satélites de España. La tarea fue encomendada a Carlos, el futuro Carlos III de España, que empezó por Piacenza, Parma y Toscana (1732) para luego ocupar el trono de Nápoles (1734) (los tres ducados hubieron de ser devueltos a Austria, para ser más tarde recuperados, menos Toscana, por el infante Felipe). España volvió a ser una potencia naval dominando el Atlántico, y a tener en cuenta en el Mediterráneo Occidental (aunque Inglaterra sigue controlando Gibraltar y Menorca). El nuevo ministro José del Campillo y Cossío, en el contexto de la Guerra de Sucesión Austríaca llevó al Segundo Pacto de Familia (1743).
El tratado de Viena de 1725 fue firmado por Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico y Felipe V de España. Según los términos del acuerdo Carlos VI renunciaba a sus aspiraciones al trono español mantenidas durante la guerra de sucesión española, mientras Felipe V renunciaba a los territorios del imperio en Italia y los Países Bajos.
En la firma del tratado comparecieron Eugenio de Saboya, Felipe Ludovico y Gundavaro Thomas en nombre de Carlos VI y Juan Guillermo Ripperdá en representación de Felipe V.
El tratado de San Ildefonso de 1742, firmado entre Felipe V de España (España) y Cristián VI de Dinamarca (Dinamarca), fue un tratado de amistad, navegación y comercio por el que se establecían las condiciones por las que se regirían las relaciones comerciales entre ambos países.
En la firma del tratado comparecieron José del Campillo y Cossío en nombre de Felipe V y Federico Luis, barón de Dehn, por parte de Cristián VI, ajustaron el acuerdo en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso el 18 de julio de 1742. En 1753 el acuerdo quedaría anulado.
El tratado de Aranjuez de 1745 fue una alianza militar pactada entre los reinos de España, Francia y Nápoles con la República de Génova, para apoyar a ésta última frente a los ataques de Cerdeña y Austria, en el marco de la Guerra de Sucesión Austriaca.
A la redacción y firma del tratado, concluido en Aranjuez el 1 de mayo de 1745, asistieron Sebastián de la Cuadra, en nombre de Felipe V de España, Luis Guido Guerapin Baureal, en representación del rey Luis XV de Francia, Esteban Reggio y Gravina, enviado de Carlos VII de Nápoles, y Jerónimo Grimaldi en nombre de la república de Génova.
Los Pactos de Familia fueron tres alianzas acordadas en distintas fechas del siglo XVIII entre las monarquías de España y Francia. Deben su nombre a la relación de parentesco existente entre los reyes firmantes de los pactos, todos ellos pertenecientes a la Casa de Borbón. España se da cuenta de que es necesaria una política de amistad con Francia, por lo que se firma un acuerdo, por el que se ligaban militarmente, dos de ellos se firmaron en la época de Felipe V, los pactos llevan a España a una serie de guerras europeas de la época:
Primer pacto: firmado en 1734, hace intervenir a España en la guerra de sucesión de Polonia, que acaba con el tratado de Viena en 1738. En este tratado, el príncipe Carlos, obtiene Nápoles y Sicilia.
Segundo pacto: España entra en la guerra de sucesión de Austria en 1743, y cuando acaba esta guerra en el 1748, Felipe V había muerto, y por el tratado de Aguisgrán, el príncipe Felipe obtiene los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla.


Sepulcro de Felipe V e Isabel de Farnesio en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso (provincia de Segovia).
En 1746 muere Felipe V y es sucedido por su hijo menor Fernando VI, hijo de su primera esposa María Luisa de Saboya. Por expreso deseo del monarca, su cuerpo no fue enterrado en la cripta real del Monasterio de El Escorial, como lo habían sido los reyes de la casa de Austria, y también lo serían sus sucesores Borbón (salvo, también, Fernando VI), sino en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso ubicado en la localidad de La Granja de San Ildefonso (provincia de Segovia), que había sido preferido por él también en vida, como un capricho arquitectónico mucho más de su agrado y que le recordaba a la añorada corte francesa.
Los restos de Felipe V reposan junto con los de su segunda esposa Isabel de Farnesio en un mausoleo emplazado en la Real Colegiata de la Santísima Trinididad, en la llamada Sala de las Reliquias, templo inserto en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, a escasos kilómetros de Segovia.
El noble francés Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon hizo una pequeña descripción generalizada del primer Rey de España de la Casa de Borbón cuando era embajador de Francia en Madrid:
Felipe V, Rey de España, posee un gran sentido de la rectitud, un gran fondo de equidad, es muy religioso, tiene un gran miedo al diablo, carece de vicios y no los permite en los que le rodean.

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Felipe V de España contrajo matrimonio con su prima, María Luisa Gabriela de Saboya  el 2 de noviembre de 1701 y tuvieron cuatro hijos:
Rosa rojaLuis I de España, nació el 25 de agosto de 1707. Rey de España (14 de enero de 1724 – hasta su muerte). Su reinado de 229 días es el más efímero de la historia española, contrajo matrimonio con Luisa Isabel de Orleans y no tuvieron descendencia.Falleció 31 de agosto de 1724.
Rosa rojaInfante Felipe Pedro, nació el 2 de julio de 1709 y falleció el 29 de julio de 1709.Muerto en la infancia.

Rosa rojaInfante Felipe Pedro Gabriel,nació el 7 de junio de  1712 y falleció en  diciembre de 1719. Muerto en la infancia
Rosa rojaFernando VI de España, nació el 23 de septiembre de 1713, falleció el 10 de de agosto de 1759.
Rey de España (9 de julio de 1746 – hasta su muerte). Contrajo matrimonio con Bárbara de Braganza y no tuvieron descendencia.

Luis I de España.                                       Luis I de España.
                                   

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                                  Fernando VI de España

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Retrato de la Familia de Felipe V, por Jean Ranc (c. 1723). Óleo sobre lienzo, 44 x 65 cm, Museo del Prado (Madrid); en el retrato se observa al Infante Fernando de España, futuro rey Fernando VI, el propio Felipe V, Luis de Borbón, Príncipe de Asturias, futuro rey Luis I, El Infante Felipe, futuro duque de Parma, Isabel de Farnesio, quien era su segunda esposa, Retrato de la hija mayor de Felipe, La Infanta Mariana Victoria de España, quien estaba en Francia comprometida con Luis XV de Francia y El Infante Don Carlos, otro futuro rey de España.
Contrajo segundas nupcias con Isabel de Farnesio (25 de octubre de 1692 – 11 de julio de 1766) el 24 de diciembre de 1714; tuvieron siete hijos:
Rosa rojaCarlos III de España.Nació el 20 de enero de 1716 falleció el 14 de diciembre de 1788
Rey de España (10 de agosto de 1759 – hasta su muerte). Contrajo matrimonio con María Amalia de Sajona; tuvieron trece hijos.

Rosa rojaInfante Francisco, nació el 21 de marzo de 1717 y falleció 21 de abril de 1717.Muerto en la infancia.
Rosa rojaMariana Victoria de Borbón,nació el 31 de marzo de 1718 y falleció el 15 de enero de 1781.Reina Consorte de Portugal y Algarve (31 de julio de 1750 – 24 de febrero de 1777). Contrajo matrimonio con José I de Portugal; tuvieron cuatro hijos.
Rosa rojaFelipe I de Parma, nació el 15 de marzo de 1720 y falleció el 18 de julio de 1765. Duque de Parma, Plasencia y Guastalla (1748 – hasta su muerte). Fundó la casa de Borbón-Parma (también conocido como los Borbones de Parma); Contrajo matrimonio con Luisa Isabel de Francia; tuvieron tres hijos.
Rosa rojaMaría Teresa Antonia Rafaela, nació el 11 de junio de 1726 y falleció el 22 de julio de 1746.
Delfína de Francia (23 de febrero de 1745 – hasta su muerte). Contrajo matrimonio con Luis de Francia (hijo de Luis XV de Francia); tuvieron un hijo.

Rosa rojaLuis Antonio Jaime, nació el 25 de julio de 1727 y falleció el 7 de agosto de 1785
Arzobispo de Toledo, Primado de España (1735), Cardenal de Santa María della Scala (1735), con tan sólo ocho años y Arzobispo de Sevilla (1741), En 1754 renunció a sus títulos eclesiásticos, siendo finalmente el XIII Conde de Chinchón (1761 – hasta su muerte). Contrajo matrimonio morganático con María Teresa de Vallabriga y Rozas; tuvieron tres hijos apartados de la sucesión.

Rosa rojaMaría Antonieta Fernanda, nació el 17 de noviembre de 1729
19 de septiembre de 1785. Reina Corsorte de Cerdeña (20 de febrero de 1773 – hasta su muerte). Contrajo matrimonio con Víctor Amadeo III de Cerdeña; tuvieron doce hijos.

Carlos III, niño .jpg                                      Carlos III de niño. María Ana Victoria de Borbón.jpg
                                María Ana Victoria de Borbón.
 Felipe de Borbón, futuro duque de Parma .jpg                 Felipe de Borbón, futuro duque de Parma. María Teresa Antonia de Borbón, delfina de Francia.jpg
                María Teresa Antonia de Borbón, delfina de Francia. El infante-cardenal Luis Antonio de Borbón y Farnesio, niño .jpg
                   El infante-cardenal Luis Antonio Jaime. María Antonieta Fernanda de Borbón .jpg
                     María Antonieta Fernanda de Borbón.

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