viernes, 11 de diciembre de 2015

Carlota de Prusia.


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                   Princesa de Prusia y Princesa de Alemania

Princesa Carlota de Prusia (Victoria Isabel Augusta Carlota), duquesa de Sajonia-Meiningen. Nacida en Potsdam el 24 de julio de 1860 y fallecida en Baden-Baden el 1 de octubre de 1919. Carlota era la segunda hija del príncipe Federico y de Victoria de Reino Unido, hija ésta de la reina Victoria del Reino Unido y de Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

El 24 de julio de 1860 nacía en Postdam la princesa Charlotte. Era hija del príncipe Federico, heredero de Prusia, y de Victoria del Reino Unido. Cuando nació Charlotte, a la que toda la familia llamaría Charly, su hermano Guillermo tenía ya año y medio. Todo el mundo esperaba tras el parto que la princesa Victoria se sintiera contenta con su nuevo retoño ya que la niña había nacido en perfecto estado y no presentaba ninguna “tara física” como  le ocurrió a su hermano pero, lo cierto es que tampoco con esta hija se sintió satisfecha. 

Charly

Conforme iba creciendo la princesita, el disgusto de su madre aumentaba, no solo no era una niña bonita sino que, además, tenía un carácter endemoniado. Era muy nerviosa, por cualquier motivo montaba una “pataleta”, se mordía las uñas y hasta los bajos de los vestidos se los metía en la boca. Su madre, consideraba que los castigos eran la mejor manera de conseguir que la niña no perdiera el control y se equilibrara, así que, la niña pasaba los días continuamente castigada.

El desarrollo emocional de Carlota, como el de su hermano Guillermo, no debió ser el adecuado. La princesa Victoria había sido un ejemplo de perfección, una niña prodigio y además guapa y esperaba que sus hijos también lo fueran. Fue una decepción para ella encontrarse con que su hijo mayor presentaba un brazo inerte y que su hija ni era inteligente ni guapa y además parecía tener los brazos y las piernas cortos en relación a su estatura. Los niños, por poco inteligentes que sean, perciben el afecto o la falta de él de los mayores y probablemente y como consecuencia de la percepción de que no eran los hijos modélicos que su madre hubiera deseado y de que no conseguirían ganarse su cariño, ninguno de los dos tuvo una buena relación con su progenitora.

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                             Carlota(Charly) a los 17 años.

La calidez que estos niños no encontraban en su madre la hallaron en sus abuelos paternos y, tal vez, esa fuera la razón de que ambos, al madurar, se sintieran conservadores como sus abuelos y no liberales como sus padres. Además, y a pesar de sentir un enorme respeto por su abuela materna, la reina Victoria I, no mostraban ninguna simpatía por el Reino Unido y los dos se sentían enormemente prusianos y muy orgullosos de su origen.

La situación de incomodidad que Carlota sentía en su casa hicieron que se comprometiera muy pronto, no porque se hubiera enamorado de una forma arrolladora sino porque el matrimonio le facilitaba la salida del hogar paterno. Así que en 1876 y con tan solo dieciséis años se comprometió con el príncipe Bernhard de Sajonia-Meiningen que tenía entonces veinticinco años, era heredero del Ducado y oficial en un regimiento de Postdam.

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                          Bernhard de Sajonia-Meiningen

Se casaron dos años después en una pomposa ceremonia, como correspondía a una princesa prusiana. Bernhard era todo lo contrario a su esposa, tenía buen carácter, no se metía en nada y era un gran estudioso, tanto, que llegó a convertirse en un erudito de la Grecia Clásica.

Debido al trabajo de Bernhard se tuvieron que instalar en Postdam, cosa que no gustaba a Carlota que deseaba una mayor lejanía de su familia. Un año después de la boda, en 1879, nació su hija Feodora. El embarazo no fue fácil ni el parto tampoco. Es posible que ésta fuera la causa de la indiferencia con la que  Carlota trató a la recién nacida no observándose en ella ningún instinto maternal. Le gustaba decir a quien quisiera escucharla que Feodora había sido su primera hija pero que también sería la última. La niña fue criada por amas, institutrices y por su abuela Victoria.

A partir del momento en que nace su hija, Carlota, considera que no está dispuesta a seguir viviendo cerca de sus padres y, una vez conseguido el traslado de regimiento de Bernhard, la familia se marcha a Berlín. Ya instalada en la capital, la princesa, iniciaría el periodo de su vida más rutilante, más lleno de fiestas y compromisos, más alegre. La vida social ocupaba todas sus horas y Carlota se desenvolvía en ella como pez en el agua.

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                   Carlota con el traje regional Thuringia.

Un paquete de cartas anónimas ha sacado a la luz un gran escándalo de orgías y duelos a muerte en la puritana corte del emperador Guillermo II de Alemania, que intervino personalmente para tratar de atajarlo.

«Escándalo en el pabellón de caza de Grunewald: masculinidad y honor en el imperio alemán» es el título del libro que  publicó el historiador Wolfgang Wippermann, en el que revela con todo lujo de detalles el desarrollo de una fiesta de la nobleza que degeneró en una sonada orgía.

Un total de quince miembros de la corte del rey prusiano -9 de ellos hombres y 6 mujeres- participaron en el encuentro sexual una noche de enero de 1891 en el más antiguo palacio berlinés que se conserva, tras una jornada de caza en los bosques de Grunewald, según se desprende de las 246 cartas anónimas estudiadas por Wippermann.

Éstas revelan que en el selecto grupo figuraba la propia hermana mayor del emperador, pero también el maestro de ceremonias imperial, Leberecht von Kotze, y el príncipe Federico Carlos de Hesse, marido de otra de las hermanas del monarca, así como otros príncipes, duques y duquesas, condes y condesas, muchos amigos íntimos de Guillermo II.

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El escándalo se extendió a lo largo de cinco años, el tiempo en el que fueron enviadas las cartas anónimas, muchas ilustradas con fotografías pornográficas en las que se recortaron las caras de sus protagonistas para ser sustituidas por los nombres de las personas que participaron en la orgía de sangre azul.

Las misivas revelan además la práctica de actos sexuales rechazados e incluso prohibidos por la ley en la estricta y puritana sociedad prusiana de la época, como las relaciones homosexuales entre hombres o mujeres o el adulterio.

Descubiertos en el histórico y policial Archivo Secreto Prusiano, en el barrio berlinés de Dahlem, los anónimos revelan que Alide von Schrader, esposa del maestro de ceremonias, mantuvo en la cita prácticas lesbianas, mientras que el príncipe Aribert von Anhalt practicó sexo anal con otro de los invitados.

Las cartas se ceban especialmente con el conde de la familia Hohenzollern Friedrich von Hohenau, amigo íntimo del emperador, y su esposa Charlotte, el primero por su notoria homosexualidad y la segunda por acumular amantes como el que llegara a ser primer ministro del Reich Max von Baden, o Herbert von Bismark, hijo mayor del Canciller de Hierro.

Pero también con el cuñado del emperador Ernst Günther, famoso por sus visitas sistemáticas a los mas lujosos burdeles berlineses, al que en las misivas se cita por su apodo más famoso, el de Herzog Rammler», que traducido libremente vendría a ser en castellano el «duque fornicador».

El escándalo tuvo un sangriento final con la celebración de duelos

Impulsado por el estricto código de honor y masculinidad que regía en la época, el escándalo, que llegó a trascender a la opinión pública, tuvo un final sangriento con la celebración de duelos a pistola con varios heridos, aunque con una sola muerte, en la búsqueda del autor de los anónimos.

Esta fue la del príncipe von Schrader, que fue abatido al amanecer por Leberecht von Kotze -ambos participantes en la orgía-, en un llamado duelo de barrera, en el que los contrincantes pueden dispararse sin cesar mientras caminan para encontrarse. Los distintos duelos consecuencia de la orgía fueron incluso fomentados por el propio emperador en su celo por la salvaguardia del honor prusiano, aunque el escándalo condujo poco después a que ese tipo de enfrentamientos entre nobles acabaran siendo prohibidos por ley por el Reichstag, el Parlamento germano.

Lo que el historiador Wippermann no ha podido desvelar con absoluta seguridad la autoría de los más de dos centenares de cartas anónimas, todas de la misma mano, que desencadenaron el escándalo. Wippermann sospecha, sin embargo, y espera que un estudio grafológico lo confirme, que la autora de las cartas fue Charlotte, la hermana mayor del emperador, quien se supone fue la organizadora de la cita y a quien su propia madre tachaba de «malvada».

Carlota había estado siempre muy unida a su hermano. Durante la enfermedad y muerte de su padre, que enfrentó a Guillermo con su madre, Charly se posicionó en todo momento del lado de su hermano  y cuando éste ascendió al trono convirtiéndose en Guillermo II aprobó todas las medidas de exclusión y vigilancia que su hermano adoptó respecto a su madre. Algún tiempo después las relaciones se enfriarían, debido probablemente al carácter intrigante de Charlotte y a la orgía que había organizado. Tal vez por ello, el Kaiser ordenaría el traslado de Bernhard a un Regimiento de Silesia. Así pues, Charly se vio alejada de Berlín y  como el nuevo destino le  resultaba sumamente tedioso, se dedicó a viajar y a visitar a todos sus parientes europeos.

En 1914 muere el padre de Bernhard y éste se convierte en duque de Sajonia-Meiningen pero, poco le duraría a Carlota el título de duquesa, ya que, al final de la Primera Guerra Mundial, Bernhard se ve obligado a abdicar.

Además de su carácter caprichoso e irritable, la salud de Carlota nunca había sido buena. Tenía problemas gastrointestinales, cefaleas y dolores articulares. Sufría insomnio y las crisis nerviosas eran frecuentes. Con los años los problemas se fueron agravando y aparecieron las complicaciones renales. Acudía a distintos balnearios que le recomendaban sus médicos que, por otra parte y por no encontrar un diagnóstico, tan solo podían aliviar sus síntomas. Finalmente, la muerte la sorprendió en Baden-Baden donde recibió tratamiento psiquiátrico el 13 de enero de 1919. Tenía cincuenta y nueve año.  Charlotte von Hohenzollern era al parecer, según los historiadores, una reina de «la conspiración y el cotilleo».

Los últimos exámenes médicos realizados sobre sus restos y los de su hija Feodora, que se suicidó en 1945 tras toda una vida de problemas de salud, han puesto de manifiesto que ambas probablemente sufrieron porfiria, una enfermedad genética que se cree que había afectado anteriormente al tatarabuelo de Carlota, el rey Jorge III del Reino Unido.

 

Charlotte fue enterrada en el parque del Palacio de Altenstein (residencia de verano de los Duques de Sajonia-Meiningen) en Bad Liebenstein

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