sábado, 22 de agosto de 2009

* Alfonso XIII

                      Rey de España

                                   Casa Real de Borbón.

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Alfonso León Fernando María Jaime Isidro Pascual Antonio de Borbón y Habsburgo-Lorena

Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena, fueron sus padres.

Consorte, Victoria Eugenia de Battenberg

Alfonso XIII de Borbón (Madrid, 17 de mayo de 1886 – Roma, 28 de febrero de 1941 a los 54 años en Roma Italia) fue rey de España desde su nacimiento hasta la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931. Asumió el poder a los 16 años de edad, el 17 de mayo de 1902. Durante su reinado, la España aturdida por el Desastre del 98 experimentó un inmenso progreso económico, social y cultural. En palabras de Salvador de Madariaga:

 

Hijo póstumo de Alfonso XII y María Cristina de Habsburgo-Lorena, fue bautizado con los nombres Alfonso León Fernando María Jaime Isidro Pascual Antonio de Borbón y Habsburgo-Lorena. Su madre ejerció la regencia durante su minoría de edad, entre 1885 1902. Al final de la regencia y poco antes de comenzar su reinado, España, tras la intervención de Estados Unidos en 1898 en la guerra colonial,perdió sus últimas posesiones ultramarinas en Cuba, Puerto Rico y Filipinas, durante el conocido como desastre del 98. 

Ya en el siglo XX, las aventuras coloniales comenzaron nuevamente en la zona norte de Marruecos, que había sido adjudicada a España en los repartos internacionales, lo que conduciría a la sangría de la Guerra del Rif. En 1902, al cumplir los 16 años, Alfonso XIII fue declarado mayor de edad y asumió las funciones constitucionales de Jefe de Estado. Durante su reinado visitó todas las provincias españolas y realizó numerosas visitas al extranjero. Entre los primeros países en los que fue recibido se encontraban Alemania, Reino Unido y Francia. Durante esta visita, Alfonso XIII y el presidente de la República, Émile Loubet, fueron objeto de un atentado en las calles de París, del que salieron ilesos.

Alfonso XIII

                                                   Alfonso XIII

En este año me encargaré de las riendas del Estado, acto de suma trascendencia tal como están las cosas, porque de mí depende si ha de quedar en España la monarquía borbónica o la república; porque yo me encuentro el país quebrantado por nuestras pasadas guerras, que anhela por un alguien que lo saque de esa situación. La reforma social a favor de las clases necesitadas, el ejército con una organización atrasada a los adelantos modernos, la marina sin barcos, la bandera ultrajada, los gobernadores y alcaldes que no cumplen las leyes, etc. En fin, todos los servicios desorganizados y mal atendidos. Yo puedo ser un rey que se llene de gloria regenerando a la patria, cuyo nombre pase a la Historia como recuerdo imperecedero de su reinado, pero también puedo ser un rey que no gobierne, que sea gobernado por sus ministros y por fin puesto en la frontera.  Yo espero reinar en España como Rey justo. Espero al mismo tiempo regenerar la Patria y hacerla, si no poderosa, al menos buscada, o sea, que la busquen como aliada. Si Dios quiere para bien de España.

España conoció numerosas revueltas sociales en sus principales ciudades durante las dos primeras décadas del siglo XX. Una de las más destacadas tuvo lugar en 1909 en Barcelona y se conoció como la Semana Trágica. Uno de los factores que la desencadenaron fue el descontento de la población con la Guerra de Marruecos: en ese año se había recrudecido el conflicto marroquí, convirtiéndose en uno de los principales problemas nacionales.

Durante la I Guerra Mundial organizó, como monarca de un país neutral, una valiosa iniciativa, la Oficina Pro Cautivos, que permitió poner en contacto a prisioneros de guerra de ambos bandos con sus familias. Salvó así a 70.000 civiles y a 21.000 soldados, intervino a favor de 136.000 prisioneros de guerra y llevó a cabo 4.000 visitas de inspección a campos de prisioneros. Además intentó liberar y llevar a España a la Familia Imperial Rusa, pero tras el golpe de Estado bolchevique, fue imposible salvarles

En 1921, a raíz de unas operaciones bélicas tácticamente desastrosas, se produjo el hundimiento de la comandancia militar de Melilla (el Desastre de Annual). El impacto que tuvo sobre la opinión pública generó un sentimiento muy crítico con la política mantenida hasta ese momento en Marruecos, y en general con todo el sistema político de la Restauración, ya tambaleante desde la huelga general de 1917. Se inició una investigación de lo sucedido (con el Expediente Picasso) en el que, al parecer, quedaban involucrados en graves responsabilidades cargos elevados de la administración, pero dicho informe nunca vio la luz. Algunas voces extendieron las responsabilidades por el Desastre de Annual al monarca, uno de los impulsores y partidarios más destacados de la política colonial, porque había propiciado el nombramiento de algunos mandos responsables del «Desastre» con los que mantenía una relación de amistad o eran personas cercanas a él, como Dámaso Berenguer o el general Fernández Silvestre.

En este contexto de crisis política y social, el capitán general de Cataluña Miguel Primo de Rivera dio un golpe de Estado el 13 de septiembre de 1923, que fue respaldado por Alfonso XIII al encargarle la formación de un gobierno. Para algunos, una de las razones que explican el golpe sería que éste sirvió de instrumento para evitar que los resultados del Expediente Picasso saliesen a la luz en una investigación parlamentaria que estaba realizándose y que podría haber dejado al monarca en una posición comprometida.

Alfonso XIII y Primo de Rivera en 1930.Primo de Rivera formó un gobierno al que denominó directorio, que estuvo compuesto en un primer momento exclusivamente por militares (Directorio Militar) y, posteriormente (1925), tuvo un carácter civil (Directorio Civil). Durante la Dictadura se puso fin a la Guerra de Marruecos con el Desembarco de Alhucemas en 1925, que permitió la conquista española definitiva del Rif en 1927.

En 1929 se celebraron la Exposición Universal en Barcelona y la Iberoamericana en Sevilla, pero la oposición creciente que generó el dictador, especialmente extendida entre estudiantes, intelectuales y el cuerpo de Artillería (se oponía a la reforma que pretendía el dictador de su sistema de ascensos), hicieron que Alfonso XIII apartase a Miguel Primo de Rivera del gobierno el 29 de enero de 1930, nombrando presidente del consejo de ministros al general Dámaso Berenguer con la intención de retornar al régimen constitucional. Este nuevo período se conoció enseguida como «la Dictablanda», por contraste con la dictadura anterior.

Tras la caída del dictador —que falleció semanas después—, aumentaron las manifestaciones antimonárquicas, se acusó al rey de haber auspiciado la dictadura de Primo de Rivera y de tener responsabilidades en el Desastre de Annual. Ese año los partidos republicanos se unieron frente a la monarquía con la firma del Pacto de San Sebastián. Hubo pronunciamientos militares republicanos que fueron frustrados por el gobierno en la base aérea de Cuatro Vientos (Madrid) y en Jaca (éste último encabezado por los capitanes Fermín Galán y Ángel García Hernández, que fueron fusilados tras un consejo de guerra).

En febrero de 1931 el almirante Juan Bautista Aznar fue designado presidente del consejo por Alfonso XIII. Su gobierno convocó elecciones municipales el 12 de abril de 1931. Al conocerse en las elecciones mencionadas la victoria en las ciudades de las candidaturas republicanas, el 14 de abril se proclamó la Segunda República. El rey abandonó el país ese mismo día, renunciando a la Jefatura del Estado, pero sin una abdicación formal. En la noche del 14 al 15 partió de Madrid hacia Cartagena al volante de su automóvil Duesenberg y desde allí zarpó para Marsella en un buque de la Armada Española para trasladarse después a París. Su familia salió en tren desde Aranjuez a la mañana siguiente.

Por una Ley del 26 de noviembre de 1931, las Cortes acusaron de alta traición a Alfonso XIII:

A todos los que la presente vieren y entendieren, sabed: Que las Cortes Constituyentes, en funciones de Soberanía Nacional, han aprobado el acta acusatoria contra don Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena, dictando lo siguiente:

«Las Cortes Constituyentes declaran culpable de alta traición, como fórmula jurídica que resume todos los delitos del acta acusatoria, al que fue rey de España, quien, ejercitando los poderes de su magistratura contra la Constitución del Estado, ha cometido la más criminal violación del orden jurídico del país, y, en su consecuencia, el Tribunal soberano de la nación declara solemnemente fuera de la ley a don Alfonso de Borbón y Habsburgo-Lorena. Privado de la paz jurídica, cualquier ciudadano español podrá aprehender su persona si penetrase

en territorio nacional.

Don Alfonso de Borbón será degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos, que no podrá ostentar ni dentro ni fuera de España, de los cuales el pueblo español, por boca de sus representantes elegidos para votar las nuevas normas del Estado español, le declara decaído, sin que se pueda reivindicarlos jamás ni para él ni para sus sucesores.
De todos los bienes, derechos y acciones de su propiedad que se encuentren en territorio nacional se incautará, en su beneficio, el Estado, que dispondrá del uso conveniente que deba darles.
Esta sentencia, que aprueban las Cortes soberanas Constituyentes, después de publicada por el Gobierno de la República, será impresa y fijada en todos los ayuntamientos de España, y comunicada a los representantes diplomáticos de todos los países, así como a la Sociedad de Naciones».
En ejecución de esta sentencia, el Gobierno dictará las órdenes conducentes a su más exacto cumplimiento, al que coadyuvarán todos los ciudadanos, tribunales y autoridades.

Esta ley sería derogada por otra del 15 de diciembre de 1938 dictada por

Francisco Franco.

Al comenzar la Guerra Civil Española , apoyó fervientemente al bando sublevado, afirmando ser un «falangista de primera hora». La relación del rey Alfonso XIII con el dictador Francisco Franco es extensa y está bien documentada.Como consecuencia de sus éxitos en Marruecos conoció a Franco, quien poco a poco se convirtió en favorito real; en enero de 1923 el rey le concedió la medalla militar, así como el cargo honorífico de gentilhombre de cámara, por lo que el padrino de su boda fue Alfonso XIII (representado por el gobernador civil de Oviedo, el general Losada). Franco discutió personalmente con el rey la posible retirada de Marruecos. En marzo de 1925, durante una visita allí, el general Primo de Rivera entregó a Franco una carta del rey junto con una medalla religiosa de oro; la carta terminaba así: «Ya sabes lo mucho que te quiere y te aprecia tu afectísimo amigo que te abraza. Alfonso XIII». Por real decreto (4 de enero de 1928) lo nombró director de la recién creada Academia General Militar. Franco votó a favor de la candidatura monárquica en Zaragoza. El 4 de abril de 1937 Franco escribió una carta despectiva a Alfonso XIII: el rey, que acababa de donar un millón de pesetas a la causa franquista, le había escrito expresando su preocupación por la poca prioridad que se daba a la restauración de la monarquía; Franco dejó claro que el rey difícilmente llegaría a desempeñar un papel en el futuro, en vista de sus errores pasados. Al acabar la guerra y no restaurarse la monarquía, el rey declaró: «Elegí a Franco cuando no era nadie. Él me ha traicionado y engañado a cada paso».

                                                  EXILIO

Cuando desembarcó en el muelle de Marsella, Alfonso XIII parecía un distinguido viajante de comercio. Iba con traje y sombrero, y acababa de abdicar después de que en las elecciones municipales del 14 de abril de 1931 hubieran ganado las candidaturas republicanas en las ciudades. En el muelle tan solo lo esperaba el embajador Quiñones de León, que le dijo que la reina iría directamente a París. Un taxi lo condujo al hotel, pero don Alfonso prefirió pasar esa noche en Hotel de París, de Montecarlo, en cuyo bar lo fotografiaron los periodistas franceses. «El rey playboy degustando el cóctel Alfonso XIII que ha inventado el barman Emile», decían en el pie de foto, y precisaban la composición del brebaje: «Ginebra, dubonet y un chorrito de angostura».

Cuando el jueves 16 de abril se reunió en el vestíbulo del hotel Meurice con doña Victoria Eugenia, sus hijos y los nobles españoles que se habían exiliado con ellos, lo esperaban periodistas, autoridades y cientos de curiosos porque el rey tenía el atractivo romántico de un galán de cine. Don Alfonso, que apenas saludó a su familia, encargó a Quiñones que le comprara media docena de camisas de seda en Sulka, en la rue de Rivoli, y se lanzó a conceder entrevistas y a sumergirse en un carrusel sin fin de actividades en un estado de euforia enfermizo, mientras los nobles que lo acompañaban se quedaban en el hotel comiendo a su costa mientras conspiraban contra la república.

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Aunque más tarde el historiador Guillermo de Cortázar cifró la fortuna de don Alfonso en 16 millones de euros al cambio actual, el ex rey temió arruinarse y despidió a nobles, servidores, vendió los coches, y en un viejo Hispano, al que habían raspado las flores de lis de las portezuelas, obligó a su familia a refugiarse en Fontainebleau, en el Savoy, un hotel de medio pelo con las habitaciones tan pequeñas que los baúles se colocaban en los pasillos. No tenían cuarto de baño y costaban cinco francos por noche. Volviéndose los bolsillos del revés, don Alfonso, muy campechano, decía: «¡Comprendedlo! ¡Estoy sin guita! ¡Soy un rey en paro!».

Siempre seductor

Lo cierto es que el rey guardó una suite en el Meurice para sus citas galantes y se compró un Bugatti para recorrer el trayecto París-Montecarlo a la vertiginosa velocidad de 120 kilómetros a la hora.

Pero, poco a poco, la gente empezó a cansarse de la familia real española. Lo reconocía don Alfonso delante del su amigo Cortés Cavanillas mientras fumaba aburridamente en el hall vitré del hotel viendo caer la lluvia interminable: «Estoy pasado de moda. ¡A la larga, los reyes exiliados aburrimos!».

Y también declaraba con falso cinismo tentándose la barriga: «Lo peor del exilio es que se engorda mucho».

El matrimonio, que en España no se hablaba desde hacía tiempo y que, con el nacimiento del último hijo, Gonzalín, había interrumpido su contacto carnal, se veía obligado a soportarse a diario. Doña Victoria Eugenia se consolaba de sus penas con la compañía de sus amigos, los fieles y abnegados duques de Lécera, hasta el punto de que empezaron a circular falsas historias sobre la naturaleza de esta amistad. Y al final ocurrió lo irremediable. Alfonso y Ena se enfrentaron en el saloncito de fumadores del hotel. El rey le reprochó a su mujer su estrecha relación con los Lécera y le exigió: «O ellos o yo».

La reina casi le escupió con toda la rabia acumulada durante 25 años de infidelidades y humillaciones: «¡Los escojo a ellos y no quiero ver tu fea cara nunca más!». le dijo a modo de despedida la reina Victoria Eugenia

Se fue a Inglaterra junto a su madre abandonando marido e hijos, y se enfrentó a su cónyuge en los tribunales reclamando su dote, los intereses durante 24 años y una pensión anual, arguyendo que estaban separados «de facto».

Amargado por este largo pleito del que se hizo eco ávidamente toda la prensa europea, don Alfonso se convirtió en un nómada de lujo, dedicado a deambular por París, Roma, la Riviera, Cannes, los cotos de caza europeos, el Hotel Semíramis de Egipto o Deauville, en cuyo casino jugaba a le chemin de fer cuya apuesta mínima eran 80 libras. Era una figura decadente y patética, con los ojos tristes de todos los desterrados. Su mujer lo describió con agudeza, «a pesar de sus errores,

Alfonso amaba profundamente a los españoles y se sentía como un enamorado al que su novia abandona sin ninguna razón».

Diez años duró esta vida, hasta que el 28 de febrero de 1941, en el Gran Hotel de Roma, temblaron las luces de las velas y don Alfonso gimió con la última convulsión de la muerte: «¡Dios mío! ¡España!».

Al cabo de un mes justo, una bomba alemana cayó sobre el Hotel de París de Montecarlo matando a Emile, el barman. Y esta noticia tuvo más repercusión en los periódicos que la muerte del último y desgraciado rey de España.

El 15 de enero de 1941 renunció a la jefatura de la Casa Real en favor de su hijo Juan (sus dos hijos mayores se habían apartado de la sucesión). Falleció el 28 de febrero de 1941 en el Gran Hotel de Roma a causa de una angina de pecho. Estuvo enterrado en la iglesia española de Montserrat de la capital italiana hasta que, en 1980, su nieto el rey Juan Carlos I ordenó el traslado  de sus restos al Panteón Real del Monasterio de El Escorial.

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Por su parte, su hijo Juan, conde de Barcelona, renunció a sus derechos al trono en 1977, en favor de su hijo Juan Carlos, que había sido nombrado rey en 1975, a la muerte del general Franco, en virtud de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado de 1947. Con la renuncia a sus derechos por parte del conde de Barcelona se recuperó la legitimidad dinástica de la monarquía histórica, tal como recoge el artículo 57 de la Constitución española de 1978.

Por contraste con su imagen pública, en privado, Alfonso XIII era un hombre de talante liberal, carente de cualquier tipo de puritanismo y con un sentido de la moral adelantado en décadas al de su propio tiempo: según el investigador Román Gubern  el rey fue un gran aficionado al erotismo en general y al cine pornográfico en particular (Vd. Cine pornográfico en España); debido a ello habría producido, en el Barrio Chino de Barcelona, durante los años 20, empleando al conde de Romanones como intermediario, una serie de películas de alta calidad, las primeras de tal nivel en este género realizadas en España. Recientemente la Generalidad Valenciana ha restaurado algunos de esos cortometrajes: El confesor, El ministro y Consultorio de señoras, encargados los tres por Romanones a los hermanos Ricardo y Ramón Baños, dueños de la productora barcelonesa Royal Films. El Archivo Fotográficos del cronista Real Francisco de Goñi Soler se encuentra conservado en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara donde se pueden contemplar las mejores imágenes de la vida familiar y oficial del Monarca.

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         La pareja real tuvo siete hijos:

Rosa roja  Alfonso (Alfonso Pío Cristino Eduardo) (1907–1938), príncipe de Asturias nació hemofílico y renunció a sus derechos al trono en 1933, dos años después de la proclamación de la Segunda República Española, para poder así contraer matrimonio con Edelmira Sampedro, cubana de origen español que no pertenecía a ninguna familia real. Ostentó el título conde de Covadonga desde entonces y hasta su muerte prematura.

Rosa roja Jaime (Jaime Leopoldo Isabelino Enrique) (1908–1975), infante de España, era sordo como consecuencia de una operación en su infancia; renunció bajo presión paterna a sus derechos al trono en 1933, cuando recibió el título duque de Segovia y más tarde duque de Madrid, y que como legitimista (pretendiente al trono de Francia) desde 1941 a 1975, fue conocido como Duque de Anjou para sus seguidores franceses; contrajo matrimonio en primeras nupcias con Emmanuella de Dampierre (hija de Roger de Dampierre, duque de San Lorenzo, y de la princesa Vittoria Rúspoli). Tuvo descendencia de este matrimonio. Tras su divorcio, volvió a casarse. No tuvo hijos con su segunda mujer.

Rosa rojaBeatriz (Beatriz Isabel Federica Alfonsa Eugenia) (1909–2002), infanta de España; se convirtió en princesa de Civitella-Cesi por su matrimonio con Alessandro Torlonia. Es abuela de Alessandro Lecquio.

Rosa roja  Fernando nacido muerto en 1910.

Rosa roja María Cristina (María Cristina Teresa Alejandra) (1911–1996), infanta de España; contrajo matrimonio con Eugenio Marone; con descendencia.

Rosa roja Juan (Juan Carlos Teresa Silvestre Alfonso) (1913–1993), infante de España y conde de Barcelona, pretendiente al trono desde la muerte de su padre en 1941 (teniendo en cuenta sendas renuncias dinásticas de sus hermanos mayores) hasta 1977, cuando cedió sus derechos a su hijo Juan Carlos (que era rey de España de forma efectiva desde 1975); don Juan contrajo matrimonio con la princesa María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias (1910-2000). Padres de cuatro hijos: el rey Juan Carlos I y los infantes Pilar (nacida en 1936), Margarita (nacida en 1939) y Alfonso (1941-1956).

Rosa roja Gonzalo (Gonzalo Manuel María Bernardo) (1914–1934), infante de España, nacido hemofílico. Falleció sin descendencia.

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Alfonso XIII con su madre, pintados por Joaquín Sorolla Bastida.

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a51906_alfonso_xiii_and_victo    atentadoanarquista14 Imágenes del atentado de Alfonso XIII el día de su boda.Anarchist_attack_on_the_King_of_Spain_Alfonso_XIII_(1906)Alfonso XIII con el Collar de la Justicia                 Alfonso XIII con el collar de la justicia.Alfonso XIII.victoria-eugenia-familia  La reina doña Victoria Eugenia de Battenberg con todos sus hijos de izquierda a derecha Doña María Cristina, Don Alfonso, Don Gonzalo, Don Juan,Don Jaime y doña Beatriz.Retrato de 1918

              

Reina Victoria Eugenia con el traje de boda.              Reina Victoria Eugenia con el traje de boda.

Retrato de la Reina Vda. María-Cristina de Austria-Lorena, Regente de España, con su hijo el rey Alfonso XIII en brazos, en 1887.     

     La reina regenta María Cristina con su hijo Alfonso XIII.En mayo de 1927, el matrimonio Alfonso XIII y Victoria Eugenia celebran sus Bodas de Plata. A la derecha, de pie, don Alfonso 'Príncipe de Asturias', ...En mayo de 1927, el matrimonio Alfonso XIII y Victoria Eugenia celebran sus Bodas de Plata. A la derecha, de pie, don Alfonso 'Príncipe de Asturias', ...

 Fotografía antigua Alfonso XIII viaje a Bruselas

                                  Alfonso XIII en 1929.

Princesa Victoria de Battenberg y el Rey Alfonso XIII de España. Escudo Real. Mateu

                                 Escudo de Alfonso XIII.

                                   Sus vicios

Por contraste con su imagen pública, en privado, Alfonso XIII era un hombre de talante liberal, carente de cualquier tipo de puritanismo y con un sentido de la moral adelantado en décadas al de su propio tiempo: según el investigador Román Gubern  el rey fue un gran aficionado al erotismo en general y al cine pornográfico en particular (Vd. Cine pornográfico en España); debido a ello habría producido, en el Barrio Chino de Barcelona, durante los años 20, empleando al conde de Romanones como intermediario, una serie de películas de alta calidad, las primeras de tal nivel en este género realizadas en España. Recientemente la Generalidad Valenciana ha restaurado algunos de esos cortometrajes: El confesor, El ministro y Consultorio de señoras, encargados los tres por Romanones a los hermanos Ricardo y Ramón Baños, dueños de la productora barcelonesa Royal Films. El Archivo Fotográficos del cronista Real Francisco de Goñi Soler se encuentra conservado en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara donde se pueden contemplar las mejores imágenes de la vida familiar y oficial del Monarca.

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                            1911 Hispano Suiza Alfonso XIII

El rey Alfonso XIII, fue un muy digno sucesor de su abuela Isabel II, tan glotona y golfona que muchos aventuraron que con ella se rompería el molde de la afición obsesiva por los placeres de boca, fueran estos satisfechos en la mesa o en lecho. Se equivocaban de medio a medio, porque el nietecito, superado el interregno de un padre inapetente y una madre de acrisolada virtud bajoventral, tomo la antorcha con fuerza para seguir dejando muy alto el listón de la tragonería bucal y genital, lo que para un Borbón no ha sido nunca asunto baladí.

En su calidad de póstumo y heredero a la corona, Alfonsito empezó a acompañar a su madre regente, Doña María Cristina de Habsburgo-Lorena, a los consejos de ministros cuando solo sumaba tres años. Cada día, el niño Alfonso desayunaba cuatro huevos pasados por agua, doce bizcochos, y un plato caliente a elegir o alternar pollo asado, dos chuletas de ternera, un buen filete de vaca, seis chuletas de cordero, dos tournedós o dos escalopes de ternera. En todos los caso y sin excepción, acompañados de una generosa ración de patatas fritas. La merendilla no le iba a la zaga: una taza de consomé, una tortilla de diez huevos con patatas, pollo asado, seis lonchas de jamón serrano; ocho filetitos de lengua de ternera y doce rodajas de solomillo. Con eso se iba sosteniendo hasta las horas de comida y cena. Además y por lo que nos dejó escrito en sus Memorias, una de sus tías, Eulalia o más exactamente María Eulalia Francisca de Asís Margarita Roberta Isabel Francisca de Paula Cristina María de la Piedad de Borbón, el que luego se mostraría como un tirano en los lechos de nobles, plebeyas, izas, rabizas, copilotaras y artistas de distintas variedades, empezó a practicar despotismos dictatoriales en la mesa palaciega. A la mesa era un castizo de pies a cabeza y ponía por delante de cualquier cosa un buen cocido a la madrileña, como la yaya, pero también le entraba a los platillos franceses que se habían puesto en boga en todas las cortes europeas. En cambio, su esposa, Victoria Eugenia de Battemberg, era muy británica en sus gustos y no solía pasara del neutral roast beef y las pastas del té que en lugar de a las five o clock tomaba a las tres, por el aquel de cambio de horarios. Claro que en cuanto a disensiones matrimoniales, la gastronómica siempre fue la de menor importancia. Donde se cortó la verdadera tela fue en los placeres de Venus, que Alfonso disfrutó con su esposa lo justo y necesario para asegurar la descendencia borbónica, esta vez trufada de hemofilia heredada en origen de la reina Victoria.

Alfonso XIII siempre hizo gala de señoritismo castizo en cliché borbónico, traducido esto en, como ya se ha dicho, afición a la buena mesa, a los automóviles de alta gama, a la hípica y otros deportes de elite, a la caza y a las mujeres. Coleccionó decenas de amantes de toda condición, tal que niñeras palaciegas, cantantes, y cupletistas, entre las que incluyó a la Bella Otero y a la actriz Carmen Ruiz de Moragas, con quien tuvo dos hijos bastardos. A muchas de ellas se las benefició en las mismas dependencias de Palacio, a escasa distancia de la alcoba de su esposa y en la soledad de sus aposentos disfrutó del más explícito cine porno, que entonces se llamaba sicalíptico, rodado a su gusto y medida. Parece que fue Álvaro de Figueroa y Torres, primer conde de Romanones, a la sazón Presidente del Consejo de Ministros, quien personalmente encargó a los hermanos Baños, propietarios de la productora barcelonesa Royal Films, la producción de al menos tres películas, fechadas entre 1919 y 1923, cuyos originales se conservan actualmente en los archivos de la Filmoteca de la Generalitat Valenciana: “El confesor”, “Consultorio de señoras” y “El ministro”, y en las que el sexo oral ocupa lugar de grande protagonismo.

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Ricardo de Baños (1882-1939) se inició como productor en la barcelonesa Hispano Filmes, mientras que su hermano Ramón (1890-1986) aprendía a utilizar la cámara y empezaba a hacer su primeras películas documentales, cuyo éxito le llevó primero a Brasil y luego a viajar por toda Sudamérica, donde realizó importantes documentales, especialmente para los sectores industrial y turístico. Entretanto, Ricardo se había independizado para montar su propia productora, Royal Films, en 1914, a la que se incorporó como socio su hermano, a la vuelta de la aventura americana. En ella se produjeron dos de los hitos españoles del cine mudo: “Cristóbal Colón”, en 1916, en coproducción con la francesa Films Cinématographiques, y con el presupuesto inconcebible para la época de más de un millón de pesetas; y “Don Juan Tenorio”, en 1922, producción cien por cien de Royal Films, que fue un éxito sonado. En ese contexto de triunfo profesional, los hermanos reciben el encargo real por parte del Conde de Romanones y se ponen manos a la obra con la cinta que llevaría por título “El Confesor”. Lo curioso, o quizá no tanto, es que en las tres películas el rey sugirió que hubiera cierta abundancia de gastronomía sexual, otrosí sexo oral.

La película, según Barroso: “… muy bien dirigida, con encuadres generosos, de composición más que correcta y con una gran variación de planos que demuestra la cariñosa dedicación por parte del director”, se inicia con imágenes de la oronda asistenta que limpia la sacristía, cuando el sacerdote hace su entrada y empieza un jugueteo erótico con ella. Le estruja los pechos lascivamente y la besuquea, pero la situación no va a más y el plano cambia a otra situación en la que el religioso recibe a una dama distinguida con la que inmediatamente y sin mayor trámite se inicia una relación sexual explícita, con caída de ropas y besos apasionados del cura en las inmensas nalgas de la devota, que esta corresponde con una apasionada felación, a la que sigue un sesenta y nueve, tras lo cual la pareja se da un respiro para tomarse en el diván un aperitivo de vino de consagrar con unas pastitas de té. En la segunda parte de la cinta una joven bastante atractiva confiesa con el sacerdote y a continuación él le impone la correspondiente penitencia, que deviene en un desnudo integral de la feligresa, seguido de un bailecito provocador con las manos en la nuca que el religioso aprovecha para realizarle un cunnilingus mientras ella no cesa en el contoneo. En esto aparece en escena el sacristán, pero la pareja, lejos de cohibirse, renueva sus afanes amatorios para el voyeur con todas las imaginables variantes de masturbación mutua, felación, postura del misionero, a cuatro patas, y un final de tiernos besos mientras yacen tumbados boca arriba.

Consultorio de señoras

La segunda de las cintas que los hermanos Baños realizan para el monarca español es “Consultorio de señoras”, tiene una duración de 41 minutos y está fechada en 1923, el año en el que, con la aquiescencia y quizá algo más de don Alfonso, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio el golpe de Estado que precedió a la dictadura que se prolongaría hasta la dimisión del general, el 28 de enero de 1930, y su sustitución por la llamada “Dictablanda” del general Dámaso Berenguer. La trama de la película se centra en la consulta de un ginecólogo donde las escenas de sexo más que explícito y las situaciones orgiásticas incumben al protagonista, su libidinosa esposa, el mayordomo, y la criada, que representa la misma actriz protagonista de “El confesor”. Aquí es una dama de alcurnia con la que se refocila el sacerdote, aunque en la segunda parte de la cinta pasa a ocupar lugar de protagonismo una pareja formada por una jovencita que acude a la consulta con su madre, y que al poco se convierte en un trío con el doctor, en el que se desencadenan felaciones y cunnilingus varios.

El ministro

La tercera y última de las películas de las que se tiene constancia encargó Alfonso XIII para su personal consumo es “El ministro”, de 21 minutos de duración y realizada el mismo año que la anterior. Su especial interés radica en una trama que parece diseñada a la medida del gusto temático del que realiza el encargo. La historia comienza cuando quien parece ser un importante hombre de negocios recibe una carta que anuncia su ruina, lo que le impulsa a extraer un revolver del cajón de la mesa de su despacho con el que parece dispuesto a poner fin a su vida. En esto aparece la esposa que le disuade, convenciéndole de que la situación puede reconducirse si el ministro responsable accede a ello; gestión que ella se ofrece a realizar y que en la segunda parte de la cinta se convertirá en la consecución del favor ministerial tras una larga sesión de sexo entre el político y la esposa, seguida de una escena en la que el marido, lacerado por la idea de que su mujer le haya conseguido la prebenda a cambio de esos favores, le exige un juramento formal de fidelidad marital que ella realiza sin el menor esfuerzo y que él acoge complacido.

El exilio real, entre la psicopatía sexual y la halitosis

A raíz del forzado exilio, tras la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931, la vida del rey cambió radicalmente en todos los sentidos, pero muy especialmente en el sexual. Mientras había sido monarca absoluto, pocas mujeres habían sido capaces de negarle sus favores de coyunda, pero definitivamente alejado de su palacio madrileño las cosas cambiaron y tanto en París como en Roma más de una prostituta se permitió dejarle compuesto ante el insoportable hedor que salía de su boca, como consecuencia de la halitosis que padecía. Lo que no cambió fue su inveterada afición a la pornografía y al sexo duro, que en ocasiones parece que llegó a adquirir tintes patológicos. De vacaciones en Hollywood, pasó una velada con el entonces famosísimo Douglas Fairbanks Jr., un actor con el que su destronada majestad guardaba cierto parecido en sonrisa, bigote y ojos agudos. Anita Loos, en su libro “Adiós a Hollywood con un beso”, cuenta que el actor se ofreció a presentarle a la estrella de la meca del cine que deseara conocer y el rey le contestó de inmediato que deseaba tener un encuentro con Roscoe “Fatty” Arbuckle. Fatty, una de las más rutilantes estrellas del cine mudo a pesar de su obesidad, se había visto envuelto en uno de los escándalos sexuales más sonados de Hollywood. El Labor Day, día del trabajo, de 1921, durante una fiesta en el hotel St. Francis, el actor entró a una de las habitaciones acompañado de la actriz Virginia Rappe, compañera sentimental del director Lehrman, y al poco salió en estado de gran excitación. Las compañeras de la starlet corrieron hacia el dormitorio y la encontraron sobre la cama, desnuda y sobre un gran charco de sangre. Parece que Fatty la había violado, introduciéndole una botella de champagne por la vagina. La brutal acción le provocó terribles desgarros internos y una peritonitis que le ocasionó la muerte.

Fatty-Arbuckle-Virginia-Rappe

El actor fue procesado, pero, durante el juicio, los testimonios resultaron lo suficientemente confusos (los asistentes a la fiesta estaban en su mayoría borrachos y drogados) como para que el tribunal le absolviera por diez votos a favor y dos en contra. A pesar de la favorable sentencia, en el mundillo cinematográfico nadie dejó de dudar de la culpabilidad de Roscoe. En consecuencia, Fairbanks respondió al monarca español que presentárselo iba a ser complicado, puesto que a aquellas alturas Fatty era unánimemente considerado un indeseable. Alfonso XIII respondió impertérrito:

“¡Que injusticia!, eso nos podría haber pasado a cualquiera de nosotros”.

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                  Alfonso XIII y Carmen Ruiz Moragas.

                LA   AUTENTICA   PASIÓN  DEL  REY.

Su relación fue uno de los secretos más conocidos y mejor silenciados de la época. La actriz fue algo más que una amante para el rey, que fue el padre de dos de sus hijos Ana María Teresa Ruiz Moragas, y su hermano Leandro Alfonso Ruiz Moragas (nacido en 1929) autorizado por la justicia española a usar el apellido Borbón, no reconocidos como hijos de rey, el 21 de mayo de 2003 como Leandro Alfonso de Borbón Ruiz Sólo el exilio pudo separarlos.

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En otoño de 1916 Alfonso XIII conoció a una joven que despuntaba en el panorama teatral madrileño. Carmen Ruiz Moragas había sido una de las alumnas aventajadas de la gran María Guerrero, en cuya compañía debutó a los 15 años. A diferencia de otras artistas con las que se relacionó el rey, Ruiz Moraga tenía una sólida formación dramática y una grande inclinación por el teatro clásico y contemporáneo. se había educado con las monjas de los Sagrados Corazones,hablaba varios idiomas y llamaba la atención sobre las tablas por su magnifica voz y por su espectacular belleza. Ninguna de estas virtudes pasaron desapercibidas al joven rey Alfonso, cuando una noche, tras la representación,ambos se saludaron.

La relación, que surgió de inmediato, provocó un gran escándalo en el seno de la familia de la actriz. Su padre Don Leandro Ruiz Martínez, antiguo gobernador civil de Granada y su mujer la malagueña mercedes Moragas parejas, formaban un matrimonio burgués  de impecable reputación e ideas conservadoras. Lógicamente hicieron lo imposible por terminar con aquel incipiente romance que no tardó en ser la comidilla del ambiente teatral. Una gira por Latinoamérica con la compañía de María guerrero y Fernando Díaz de Mendoza separó momentáneamente a los amantes. En la ciudad de Caracas, cuando actuaba en el Teatro Nacional, Carmen Ruiz conoció a Rodolfo Gaona, el torero más famoso de México y el único que se media dignamente con los lidiadores españoles. Gaona al que llamaban “ el indio grande”, era 10 años mayor que ella, que se encontraba en el mejor momento de su carrera. Acosado por las mujeres y adorado por la afición, Gaona sólo tuvo ojos para la bellísima actriz desde su primer encuentro. La circunstancia fue aprovechada por los Ruiz Moragas para formalizar un compromiso que alejará las habladurías.

La boda se ofició en noviembre de 1917. Durante unos meses, Carmela, que había accedido a aquella unión para satisfacer los deseos de sus padres, intentó que el matrimonio funcionase, pero,alejada del teatro, su autentica vocación, fracasó aun antes de lo que apuntaban los más pesimistas. Con su separación, Carmen se liberó de muchas de sus ataduras anteriores. lejos de su casa paterna, se instaló en un piso cercano al palacio de Oriente, donde pronto reanudó sus encuentros con el rey.

* Una relación de 15 años

En 1919, Carmen moragas abandonó  la compañía de María Guerrero  para formar la suya propia  junto a Ricardo Calvo  y otros socios. Su nombre si afianzaba en la escena española mientras su aventura real se iba transformando en una relación tranquila y estable. El monarca visitaba a Carmela en su casa y no olvidaba llevarle una caja de caramelos de “La violeta” la tienda de dulces de la Plaza de Canalejas que, curiosamente, también era los favoritos de la reina. En el Madrid de los años 20, la relación del rey y la actriz era un secreto a voces. La reina Victoria Eugenia, que hasta ese momento había permanecido inalterable ante las infidelidades de Alfonso, comenzó a mostrarse irritada ante la persistencia  del “affaire”. Fue la única. A pesar de que Alfonso XIII no cesó en sus otras aventuras, estas no parecían preocupar  a  Carmela, que se mantuvo fiel a el durante 15 años.

En junio de 1925, el periódico “Abc” informaba de la incorporación de Carmen Moragas  al Teatro Fontalba, uno de los escenarios más prestigiosos de la capital. Añadía que la actriz se encontraba en Italia, acompañada de su madre, desde donde se trasladaría para pasar unos días en Biarritz. Esta escueta y,aparentemente,irrelevante información escondía uno de los hechos más transcendentes  en la vida de Carmen : el nacimiento de su hija. El rey, de visita privada en el extranjero, pudo estar a su lado en un día tan importante. La niña fue bautizada con los nombres de María Teresa, como homenaje a la hermana menor del monarca, su favorita, que había fallecido en 1912.

La otra familia del rey

El monarca instaló a su nueva familia en un elegante palacete rodeado de jardín, situado en la Avenida del Valle nº 30, al final de la calle Reina Victoria, que, probablemente, fue a su vez regalo de  los hermanos “Otamendi” en agradecimiento por la concesión de las obras del metro madrileño.

María Teresa Ruiz Moragas (hija de Alfonso y Carmela), era guapa y fuerte. Su perfecto estado de salud fue utilizado por María Cristina(su madre ) contra la reina Victoria Eugenia, acusándola de haber introducido la hemofilia en su familia “la enfermedad no es nuestra”, decía. de hecho, a la Avenida del Valle se acercó la reina María Cristina en más de una ocasión para ver, a través de la verja, a aquella nieta que crecía sana y ajena a la curiosidad que despertaba.

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María Teresa Ruiz Moragas Nació en Florencia, junio de 1925 y falleció en, 1965. Se casó en Madrid (26 de octubre de 1957) con el ciudadano italiano Arnoldo Bürgisser Hufenus (1927-1993). Tuvieron dos hijos: Leandro nacido en 1958 y falleció en 2010) y Carmen Bürgisser nacida en 1959, ambos con descendencia.   descarga (2)

En abril de 1929, en aquella casa luminosa y tranquila, nació un nuevo bebe.

Carmen Ruiz Moragas falleció en Madrid en junio de 1936, un mes antes del estallido de la Guerra Civil, Leandro y su hermana pasaron en la capital experimentando las estrecheces y calamidades de toda la población madrileña. Terminada la guerra, y  el administrador de la Casa de Alba le comunicó su auténtica ascendencia. Tenía diez años. A partir de entonces la vida de Leandro y de su hermana María Teresa cambió para mejor, con un tutor en la persona del Conde de los Andes.

Leandro fue educado en el Real Colegio Alfonso XII de los Agustinos del Monasterio de El Escorial y en el colegio de los escolapios de Sevilla, educación financiada por una cuenta suiza de su padre. Obtenido el Bachillerato, estudió Derecho en la Universidad María Cristina de El Escorial, y realizó el servicio militar en el Ejército del Aire, concluyendo su formación como piloto. En 1955 accedió a su parte de la herencia de Alfonso XIII. Dada la modestia de sus recursos económicos, Leandro trabajó en distintas actividades, entre ellas la venta de coches y de chatarra.

Sus relaciones con la Casa Real, correctas durante tres décadas, se deterioraron durante la década de 1990. A raíz de ello Leandro decidió darse a conocer, y con la ayuda del periodista José María Solé dio a luz sus memorias: El bastardo real: memorias del hijo no reconocido de Alfonso XIII.

Leandro Alfonso, el segundo de los hijos de la Moragas y el rey; un niño que, desde su nacimiento, tenía en su rostro la prueba más palpable de su origen. Cuenta Leandro, en sus memorias, que en una ocasión en la que acompañaba a su madre, una compañera de profesión a la que encontraron al ver al niño exclamó: “ ¡ Pero si parece una moneda de dos pesetas !”, en clara alusión

Leandro de Borbón, el hijo de Alfonso XIII y la actriz Carmen Ruiz Moragas, consiguió en los tribunales, en 2003, que se le acreditara el apellido de la familia Real, aunque nunca el tratamiento y los derechos que se derivarían de su condición de infanta su borbónico perfil.

                               La vida de la familia RuizRuiz Moragas, Carmen Moragas  transcurría tranquila en su casa de la colonia Metropolitana, a donde los padres de la actriz, que finalmente habían terminado por aceptar la relación de su hija, se habían trasladado. El teatro, algunas veladas con los compañeros de profesión, las visitas del rey y los paseos hasta la Plaza de Oriente o Recoletos, donde María Teresa y Leandro jugaban con otros niños,fueron la tónica de los últimos días de una época protegida y feliz, que pronto iba a desaparecer para siempre.

Carmen Ruiz Moragas y el hijo que tuvo con Alfonso XIII.

      Carmen Ruiz Moragas y el hijo que tuvo con Alfonso XIII.

Desde el exilio el 14 de abril de 1931, tras unas elecciones, se proclamó se proclamó la segunda Republica en España. En aquel momento, el monarca se vio obligado a abandonar el país acompañado por el resto de la familia  real. Paris fue la primera escala de este largo exilio. ya lejos de España, Alfonso XIII y Victoria Eugenia dejaron de esconder en publico la distancia que, desde hacia años, mantenían en privado._La_historia_de_la_Espa_a_real_6 

De hecho, el rey vivió sus últimos años de exilio en la ciudad de Roma, a demasiados kilómetros  de la mujer con la que había compartido su intimidad durante 15 años.

Aunque se preocupaba por llamar a menudo a Madrid para interesarse por las necesidades de Carmela y sus Hijos, y se preocupaba de hacerles llegar sus dulces favoritos, los amantes nunca volvieron a verse.

Tras partir hacia el exilio e incluso después del fallecimiento de la actriz, Alfonso XIII aseguró siempre el futuro de los niños.     

El rey tuvo también otro hijo: Roger Leveque de Vilmorin (1905–1980), con la aristócrata francesa Mélanie de Gaufridy de Dortan.

 

 


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2 comentarios:

Juan Vila 30 de enero de 2016, 19:14  

Por favor, me gustaría saber qué fue de Ana María Teresa de Borbón y Ruiz, la hermana de Leandro.
Muchas gracias y saludos.

María Darwin 8 de febrero de 2016, 11:25  

Hola Juan, Gracias a usted por su visita. María Teresa Ruiz Moragas Nació en Florencia, junio de 1925 y falleció en, 1965). Se casó en Madrid (26 de octubre de 1957) con el ciudadano italiano Arnoldo Bürgisser Hufenus (1927-1993). Tuvieron dos hijos: Leandro nacido en 1958 y falleció en 2010) y Carmen Bürgisser nacida en 1959, ambos con descendencia. Un saludo

 
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